El Mañana

jueves, 21 de noviembre de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Nostalgia del Centro

5 octubre, 2019

En los últimos días, por angas o mangas, he podido caminar por el Centro Histórico y me invade la nostalgia; vienen a mi memoria los comercios de antaño que han desaparecido, cambiando la configuración del entorno. Extraño la Canadá, aquella zapatería que vendía los zapatos “con plataforma y mucho tacón” tan de moda en los años setenta, cuando me bajé de las plataformas me sentía de lo más chaparro, de por sí. Tampoco está y nos hace mucha falta aquella tienda de todo que era “Lucas Vela”, donde se encontraba lo inimaginable, ahora está la zapatería Elisa.

Entre Pino Suárez e Hidalgo aún se conserva el bellísimo edificio que albergó tantos comercios, recuerdo en particular el de Panchita Reyes, la mamá del popular Popo Reyes y él a su vez de los cuates Reyes. Ahí fuimos a ayudar cuando la inundación del 54, papá tenía mucha amistad con la familia, se perdieron muchos miles de pesos en mercancía que al mojarse quedó inservible, para mí se convirtieron en juguetes, carteras de piel y otros artículos de piel y algunas chucherías. Todos los comercios de ese edificio sufrieron daños y pérdidas, recuerden que el agua llegó hasta la Dr. Mier.

Del mercado Maclovio Herrera, sólo quedan los recuerdos, la mayoría de los históricos comercios sólo persisten en el recuerdo, como los pregones del “Loco Chapa”, aquel popular personaje que rifaba cabritos, no había ni un local desocupado, tenían una gran demanda y cada fin de semana se llenaba de turistas del otro lado, no se diga cuando tenían libre los pilotos de las bases aéreas de San Antonio y Laredo, Texas. La derrama económica era cuantiosa y muchos capitales se hicieron a la sombra de ese comercio. Claro, había que trabajar mucho y hasta muy tarde.

Recuerdo con claridad meridiana los comercios de curiosidades de Don Alfonso Verduzco y su esposa Doña Francis Hedrick de Verduzco, padres de mi entrañable amiga Paty Verduzco. Uno, el de Don Alfonso se ubicaba por la Av. Guerrero a media cuadra de la plaza Juárez, el de Doña Francis, mero enfrente de la misma plaza, era fascinante el mundo del comercio, las bromas con los turistas y de cómo compraban los objetos más inverosímiles, como aquellos populares toros colorados, les veía caminar por el puente, ya de regreso, cargando su toro colorado y obviamente las concebidas banderillas, más cuando había corrida de toros.

Frente a la plaza México, en la mera esquina de Arteaga se ubicaba la panadería “El Gallo”. Hasta ella llegaba en la bicicleta para llevar el pan de la cena, luego, al inicio de los setenta, Eladio Garza abriría la zapatería “El Gallo” conservando el nombre y el anuncio, sólo le cambió la palabra “panadería” por “zapatería”. Le fue tan bien que adquirió el predio de enfrente, donde permanece.

Posteriormente compraría el que ocupó por tantos años “Lucas Vela”. Claro, las nuevas generaciones, ambas zapaterías son ya tradicionales, ni se acuerdan, porque no las conocieron de la panadería de Lucas Vela.

Los sábados llevo a mis nietos al otro lado y forzosamente tenemos que pasar por el centro, por la avenida Convento y me pasa lo mismo que aquí. Empiezo a recordar los años sesenta y setenta, cuando los sábados era obligado ir al otro lado a dar la vuelta por la avenida Convento, meternos al “Kress”, “Neisner”, “Woolwort”, al “J.C. Penney”, “Hachar”, “Richter” el precio fijo, “Sears”, en fin, recorríamos todas las grandes tiendas del centro para terminar en la cafetería “Deleiganis” o en la farmacia con tremenda copa de nieve. Esa era nuestra diversión sabatina. Los domingos el programa, ya se sabe, era misa, cine, plaza, misa de una, luego cine ya fuera en el México o en el Latino y al salir a dar la vuelta en la plaza México, hasta las 10:00 en que las muchachas desaparecían como por arte de magia.

Ese era el” Laredo de mis amores”, como dice un portal de Face, eso incluía los dos Laredos, los que siempre hemos vivido indistintamente. Hasta la fecha. Vivir los Laredos es otro mundo, es disfrutar lo mejor de dos culturas y crear la propia, fusionando lo mejor de ambas, hasta en el lenguaje, en esto los vecinos han sido geniales, han creado una lengua muy particular usando lo más práctico de cada idioma, pero que cumple con todos los requisitos para ser válida. Pero bueno, el tiempo pasa, la vida cambia y nosotros también. Quedan los recuerdos que alimentan la nostalgia.

Gracias por la gentileza de su atención, le deseo un fin de semana excepcional en compañía de su familia.

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Obligado: Evo

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

La J.F.M.M.