El Mañana

jueves, 22 de agosto de 2019

Guadalupe Loaeza
Artículo Guadalupe Loaeza

Nuestro premio mayor

28 junio, 2019

Desde hacía semanas pensaba entrarle de nuevo a la lotería. Lo había dejado de hacer porque nunca gano ni el reintegro. Sin embargo, el lunes pasado compré 10 cachitos de 10 pesos terminados en 7, mi número predilecto. Lo adquirí del Sorteo de Diez de la Lotería Nacional, es decir, el único sorteo que juega cada semana con una bolsa total de 19 millones 182 mil 700 pesos. Mi intuición me decía que esta vez sí correría con suerte y que podría ganar uno de los 17 mil 68 premios o reintegros.

No obstante, ayer que fui a la ceremonia que le dedicara la Lotería Nacional a Elena Poniatowska, y que los Niños Gritones con sus trajes de gala leyeron bolita por bolita, comprobé una vez más que no corro con suerte para los juegos del azar. Y yo que pensaba que ganaría un millón 250 mil pesos y que con ese dinero me podría haber comprado mi coche.

En ese aspecto, tengo la impresión de que salí semejante a mi tía Guillermina, quien era adicta a la lotería, pero con muy mala suerte. A pesar de ello, cada semana compraba un entero, siempre terminado en 19, porque, según ella, era el día de San José.

Mina, como la llamábamos sus sobrinos, era una mujer de hábitos muy firmes, uno de ellos era comprar su billete siempre en el mismo expendio en Tacubaya, cerca de El Reloj. Enseguida se iba caminando hasta 5 de Mayo y se dirigía a la tienda de los Dulces Celaya. Siempre la atendía la misma empleada, quien por cierto se parecía a ella, con los mismos lentes; como Mina, no se pintaba, tenía unas cejas muy tupidas y se vestía como en los 50. Seguramente, ella también era soltera.

Después de comprarse sus frutas cubiertas y sus cocadas, regresaba a su casa en las calles de la Roma. Todos los días a las 7 de la tarde iba a misa al Sagrado Corazón, comulgaba y le rogaba a San José que ganara la lotería.

Que yo recuerde, desafortunadamente, Mina nunca se la ganó. Pobre de mi tía, porque jamás tuvo suerte ni en la vida ni en la lotería y mucho menos en el amor. Contrariamente a ella, por lo menos, yo sí tengo suerte en el amor.

La que sí ha tenido mucha suerte en la vida, en el amor de sus millones de lectores y ahora con la lotería es Elena Poniatowska. Los 10 cachitos que compré el lunes tienen su rostro inconfundible, a todo color, sonriente y con una expresión cálida.

Ayer, precisamente la Lotería Nacional, en coordinación con el promotor cultural Guillermo Salceda, le hizo un homenaje en el edificio “El Moro”, en Reforma 1, “en conmemoración de la trayectoria de toda una vida a favor de México”.

Después de luchar por casi dos horas contra un tráfico atroz, Enrique y yo finalmente nos instalamos en la sala de sorteos. A lo lejos, en el presídium, estaba Elena coronada con su pelo blanco cuyas canas le daban una luz muy especial a su rostro. Sentado a su lado se encontraba, también con el pelo blanco, el Lic. Ernesto Prieto Ortega, director general de la Lotería Nacional.

A lo lejos no podía dejar de ver las dos esferas, una grande y otra mediana, en las que se voltean más de 100 mil bolas, las cuales llevan grabados tanto los números como los premios.

A esa hora, a punto de cerrar el sorteo, aún guardaba algunas esperanzas y no le quitaba la mirada a la tolva, es decir, al recipiente transparente que se utiliza para llevar las bolas. Mientras tanto, otros niños colocaban en unas tablas tanto los números como los premios.

Nunca gritaron mi número. Me pregunto si así gritaban unos niños y niñas desde que se inauguró la Lotería de la Nueva España en 1770, es decir, durante la Colonia, cuando se decía que la lotería era el “más moderno de los juegos de suerte”.

Después de felicitar a la homenajeada, y a sus nietos, al despedirme de su hijo Felipe Haro, me dijo con un aire triste que la “Fundación Elena Poniatowska Amor” ya se cerraba definitivamente. Me quedé helada. Después me acordé de lo que suele decir Elena: “No es mi estilacho pedir recursos”, que significaban 5 millones de pesos anuales para mantener su fundación de pie.

No me sorprende, para ella el dinero es como “el excremento del diablo”. Si me hubiera ganado el premio mayor, juro que se lo hubiera regalado. En fin, consolémonos al pensar que nuestro verdadero premio mayor en México, sin duda, es Elena Poniatowska.

gloaezatovar@yahoo.com