El Mañana

lunes, 24 de junio de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Nuevo Laredo, 171 años después…

14 junio, 2019

Es inconcebible que del Monumento a Los Fundadores de Nuevo Laredo no se posea la suficiente información sobre su verdadero significado, al encontrarse en los archivos municipales puros supuestos o pensamientos de historiadores que así lo ven, o así lo quieren hacer ver, pero que en sí, la original idea, eso que plasmó el escultor, nadie la conoce, al no existir documento oficial alguno del propio autor; cierto es que mucha simbología histórica local padece de lo mismo, lo que consecuentemente conlleva a que sea muy confusa la historia de Nuevo Laredo, 171 años después…

Por lo mismo lamentable es que generaciones tras generaciones de neolaredenses, de residentes de esta frontera, en sus mentes, en sus conocimientos poco o nada saben de los verdaderos orígenes de esta parte norte de la República Mexicana; en consecuencia, escaso es lo que se transmite entre abuelos, padres e hijos con relación a este municipio.

Se podría considerar que toda esta ausencia de veracidad, se debe principalmente a esos personajes que se dicen historiadores, formadores de un sinnúmero de acontecimientos agrupados, acomodados a “modo” para que suenen bien, para que enaltezcan a ciertos personajes, a eventos que nunca sucedieron, que tan sólo han sido acuñados a esa falta de compendio que identifique o dignifique de cierto modo a Nuevo Laredo.

A finales de los años cuarenta, existió ese apresuramiento por identificar a Nuevo Laredo a través de un acontecimiento, aunque nada cierto, sí muy adicionado, promovido y procurado sobre todo por las autoridades municipales en turno; en consecuencia, y brincando ese necesario estudio, así como de esa comprobación e investigación de años que implica para asegurar un hecho, se gestó ese suceso de las familias fundadoras.

Sin embargo, esta acción llevada a cabo, se contradice con lo que la gente de esos tiempos vio y observó, por lo mismo testigo de cómo y quiénes lo promovieron; a estas alturas sería como una afrenta y al ya no existir mucha de esa antigua gente que le dé sustento, el contradecir esa “hazaña” neolaredense, pero quienes tuvieron la suerte de escuchar sus versiones sobre lo mismo, sería más que suficiente para entender que las cosas históricas como hoy están, así no fueron.

Pues por ningún lado, ni sitio, se encuentran escritos de la gente común, como la de ese comerciante, de ese herrero, carpintero o ama de casa, su decir, su sentir, su verdad sobre la vida antigua, de antes, esa que les platicaron sus abuelos, sus padres, en dónde vivieron, cómo vivían, de dónde venían, su versión sobre la fundación, destierro, apropiación de tierras o como se le quiera llamar, pues cierto es que si no aconteció, nunca formó parte del comentario ciudadano.

Que, por igual extraña, que las mismas autoridades municipales de ese entonces y ante ese engrandecido hecho, no se hayan molestado en extraer de la gente sus anécdotas, sus vivencias, su verdad sobre ese tema, documentarlos, así saber qué opinaban sobre esto que decían; por supuesto que de haberlo hecho no coincidirían en nada, lo que pondría en evidencia todo su trabajo, toda su labor para esa causa.

Los amantes de la historia de Nuevo Laredo, los que se sienten historiadores deberían poner mucho más cuidado cuando se les encomiende el formar un acontecimiento que se supone cierto, para lo mismo ignorar ese sentimentalismo para engrandecer a una familia, a un apellido, dejar por igual a un lado y aunque se dependa de ellos, esa obligatoriedad de hacer las cosas tal y como se las pida la autoridad municipal.

Emprender, dirigirse por y hacia ese camino local o foráneo por más desconocido que sea y buscar esos elementos creíbles y ciertos para irle dando forma a ese trabajo; su conclusión y aun no resulte como se los pidieron o se esperaba, externarlo de ese modo, lo que se obtuvo, para que así exista esa credibilidad tanto del acontecimiento como de los mismos investigadores.

Año con año, cierto es que los festejos sobre la fundación de Nuevo Laredo, están más que lejos de lo que se pretende con esta conmemoración, por lo mismo las nuevas generaciones poco o nada les importa, poco o nada saben sobre la tierra en donde residen o nacieron.

Año con año, cierto es que los festejos sobre la fundación de Nuevo Laredo, están blindados por decir así, no se presta a que nadie, absolutamente nadie distorsione lo que escrito o estipulado sobre dicho tema ya está, lo que implica esa cerrazón, esa prohibición a opinar, investigar o juzgar. Año con año, cierto es que los festejos sobre la fundación de Nuevo Laredo, están mayormente auspiciados por la autoridad municipal, lo que da pie a que exista esa escasez de convocatorias que inviten a investigarla, confirmarla, así robustecer o debilitar dicho evento, hacerla más creíble, apropiada.

De hacerse dichas convocatorias, muy seguramente la primera tarea en investigar sería el propio Monumento a Los Fundadores de Nuevo Laredo, así y a través de ciertos puntos ya definidos, a tratar, extraer de los archivos de la desaparecida (JFMM) Junta Federal de Mejoras Materiales ya fuera a nivel local o en la capital la idea que el artista ahí plasmó.

Por qué no, buscar hasta Costa Rica, en los archivos de ese país, de la misma familia de Rafael Zúñiga el escultor, cuál fue su idea, comprobar si realmente no la conocen las autoridades de Nuevo Laredo, o confirmar que, sí existe un tema sobre ese monumento en los archivos municipales, pero que no se da a conocer al público, al contradecir de cierto modo la idea, la intención de los fundadores, por lo que fue creada.

Pues cierto es que lo que se describe del Monumento a Los Fundadores de Nuevo Laredo y que es lo siguiente: “Es una pieza con tres figuras humanas representando a la familia: el padre, la madre y un infante. El varón empuña en su diestra una bandera y la actitud del grupo hace pensar en el momento en que después de cruzar el río Bravo, pisan suelo mexicano”, tan sólo es la idea o el punto y muy personal de un escritor o historiador local.

Pero si se le preguntara a un grupo de expertos en la materia, por igual escultores de renombre nacional o internacional, cierto es que estarían viendo en dicho monumento y para esa época otra cosa, algo quizás parecido a esto: “El hijo desnudo es arropado por la madre patria, y el hombre significa la fuerza, el trabajo, que orgulloso porta el patriotismo, la bandera mexicana, que ve hacia el infinito”, nada que ver con los fundadores de Nuevo Laredo, ni mucho menos que cruzaron el río Bravo.