El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Nuevo Laredo a ‘sacar’ sus historias

19 junio, 2019

Así fuera por el rumbo de la colonia Hidalgo, Jardín, la “Postal”, Guerrero, Victoria, “Longoria” o Madero, entre otras, de las familias la costumbre era la misma, sobre todo de las damas, esas señoras amas de casa que buscaban en el atardecer un descansito después de sus labores diarias, así muchas se reunían en alguna casa en Nuevo Laredo a “sacar” sus historias.

Por lo mismo se corrían y previamente las invitaciones las que comúnmente decían: té, jueves misma hora.

Es de reconocer y aunque raro parezca, que en algunos pequeños pueblos de Tamaulipas aún se estila este tipo de reuniones, pues esas citas de antaño marcaban por supuesto esta cordialidad, amistad o sello de buena vecindad.

Localmente hoy muy escasamente se ven este tipo de costumbres, pero no se han perdido, sólo que, y debido al acelerado ritmo de la vida en esta ciudad, ha ocasionado que se realicen ahora en un restaurante o café, ya no en la intimidad de un hogar.

Pero otra cuestión que ha contribuido a que esa vieja costumbre se vaya perdiendo, es el entender que en esas antiguas épocas, la anfitriona sí que se desgasta física y mentalmente en cómo preparar todo, estar atenta a que no le faltara ningún detalle para que sus invitadas se sintieran cómodas en todos los aspectos.

Pues tan sólo el hacer las invitaciones, llevarlas personalmente o estar marcando por teléfono a cada una de ellas era tedioso, como complicado era el preparar todo, disponer de lo necesario iniciando con ese mantel fino que le diera ese toque de distinción al evento.

Así como también el colocar y artísticamente esa taza, ese platito, esa cuchara más pequeña que las normales, la tetera, la jarrita de leche, la azucarera, pero sobre todo el cómo hacer un excelente té, escoger de la casa el sitio apropiado. No puede pasarse por alto que la gente de antes de Nuevo Laredo, en este tipo de citas evitaban al máximo a los niños o niñas, en consecuencia, muy poco éstos percibían, absorbían esos detalles, por lo que hoy y en su edad adulta no logran transmitirlas, el realizarlo de igual modo y con las mismas reglas.

Pues quizás difícil es el adoptar esos consejos si no se recibieron, como por ejemplo el saber que no existe problema alguno si en la reunión del té los bocadillos se tomen con los dedos, se corte el pastel con el canto del tenedor, o que la taza se debe tomar con la mano derecha, pero sin desparramar los dedos.

Esta frontera está escrita con una gran infinidad de historias, así como las del té, también pueden escucharse de esa gente ya muy adulta como las del trabajador del correo, telégrafo, de esa taquimecanógrafa asistente de ese alto ejecutivo, de esa oficinista en la aduana, del cine boletero o asistente del viejo ferrocarril, carpintero o bolero.

Entender que no habrá necesidad con ellos de acudir a un hogar ni mucho menos ser tan espléndidos para de ellos escuchar su vida en esta ciudad, por lo que una banca de la plaza, bajo la sombra de un árbol o frente a ese majestuoso monumento, serían suficientes elementos para “sacar” de ellos, de ese viejo Nuevo Laredo esa verdadera y nostálgica historia.