El Mañana

martes, 23 de abril de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Nuevo Laredo, la decadencia de una gran ciudad

29 marzo, 2019

Recorrer el día a día las calles y avenidas de esta ciudad, es constatar ese gran deterioro en que se encuentran muchas de las cosas que en un tiempo le dieron ese sentimiento, ese valor e importancia a esta frontera, difícilmente se puede entender el porqué se mantienen actualmente en esa situación de abandono; significando entonces esa omisión de procuración, conservación y cuidado de muchos edificios y espacios de Nuevo Laredo, la decadencia de un gran ciudad.

Por supuesto que los ciudadanos neolaredenses de otras décadas, residentes que dieron cuenta de cómo Nuevo Laredo poco a poco se abría paso al progreso al futuro, en verdad que les debió haber dado y mucho gusto esas actitudes de sus distintas autoridades locales, estatales o federales que en su momento los gobernaban.

Al saber que toda obra que se emprendía, era en bien y para bienestar de su propia comunidad, tanto en lo económico, como en lo social, sin pasar por alto esas constantes obras para proveer de servicios públicos, de espacios recreativos, de lugares que de cierto modo brindaran ese complemento para hacer más armónica su vida en esta pujante frontera.

Así por supuesto que emocionaba el saber y ver que se levantaba un edificio para llevar a cabo labores propias de la aduana, que ésta contaría con una hermosa plaza, gusto daba recorrer esa estación del tren, observar gentes de otras partes, sitio en donde tiempos atrás no existía absolutamente nada.

En consecuencia y en ese mismo sector, la construcción de infinidad de oficinas que daban paso a esa floreciente actividad aduanal, muchos imponentes edificios que marcaban una a una eso que se deseaba proyectar, esa grandeza que se quería lograr.

Parques como el Mendoza, el propio Viveros, el Morelos que en épocas y momentos diferentes, eran esos claros ejemplos coadyuvantes de ese deseado progreso, ese enorme edificio principal del Puente Internacional número I.

Con alta seguridad que a la gente se le enchinó la piel al ver que se erigía un monumento, la construcción de una rotonda para honrar a un héroe nacional, incluso hasta se reunía a admirar la colocación en ese parque junto al río de ese busto que representaba esa marcada gallardía revolucionaria, por igual de ese mural en mosaico.

No se tendría que hacer mucho esfuerzo para imaginar qué tan impresionados quedaron esos ciudadanos y ciudadanas, niños y niñas, incluso visitantes cuando vieron emerger en pleno centro ese gran Palacio Federal, ese majestuoso y hoy histórico reloj de la Plaza Hidalgo.

Esa ya tan necesaria y por el crecimiento poblacional de esas épocas, planta potabilizadora de agua, obra que vendría a emocionar, a despreocupar por decir así de esa falta de agua potable, líquido que no faltaría más en muchos de los negocios, de los hogares.

Estas y tantas otras acciones motivaban por supuesto a ese arriesgado y soñador comerciante, empresario que por igual y envuelto en ese espiral de progreso que se veía venir en Nuevo Laredo, inyectaba de cierto modo ese plus económico a través de sus negocios.

Pero por qué terminó todo ese ánimo, por qué el progreso se convirtió en tan sólo una pantalla, qué sucedió después de esos años sesenta, setenta en donde toda esperanza comenzó a derrumbarse, olvidarse, en donde todo ya tenía un precio, en donde todo se manejaba o se realizaba ya no bajo ese interés ciudadano, sino bajo un marcado interés político.

Por lo mismo lo que últimamente se ha emprendido, ha tenido el sello no de esa buena obra en beneficio o procuración de ofrecer esa comodidad y nivel de vida de la ciudadanía en todos sus aspectos, sino más bien direccionados a tan sólo cumplir con que momentáneamente se aprecie, se luzca, al no ser ese proyecto u obra de gran calidad, en consecuencia, totalmente perdurable.

Por lo mismo lo que últimamente se ha emprendido como ese hipódromo- galgódromo que en una época dio vida y economía a esta ciudad, hoy es parte de esa historia en ruinas que arrastra Nuevo Laredo, todo por esa equívoca actitud de querer demostrar esa superioridad de poder sindical o político que en nada benefició.

Por lo mismo lo que últimamente se ha emprendido como esos puentes, esas vialidades, esas plazas desechables, esos edificios sin imagen o proyección arquitectónica alguna, esos complejos o edificios tan deficientes que albergan oficinas públicas, monumentos que causan comentarios sarcásticos por su forma o por sus materiales, entre otros que claramente contribuyen a esa pésima imagen.

No hay duda que Nuevo Laredo ya no es tan nuevo, pues está envejeciendo y muy prematuramente, y no por los años, sino más bien por esa apatía de un puñado de autoridades municipales escasos de esa visión, que no exigen, que no emprenden, que son conformistas y en demasía.

Hoy con tristeza los neolaredenses están viendo cómo esos grandes edificios y espacios públicos que se construyeron en otras épocas, con ese ánimo están si en pie, al ser excelentemente bien construidos, pero derrumbándose al ser ya viejos, a falta de ese obligado, constante y apropiado mantenimiento.

Hoy con tristeza los neolaredenses están viendo cómo esos grandes edificios y espacios públicos que se construyeron en esta época, sin ese ánimo, están a duras penas en pie, al ser pésimamente construidos, derrumbándose aun siendo nuevos, a falta de ese obligado, constante y apropiado mantenimiento.