El Mañana

sábado, 14 de diciembre de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

‘Ora’ sí que no sé si voy o vengo

9 noviembre, 2019

La semana que acaba de terminar estuvo plagada de
acontecimientos catastróficos, no me refiero a ciclones, tormentas,
inundaciones o temblores, aunque sí hicieron cimbrar las tan dañadas
estructuras de la nación. Me refiero al fallido operativo de Culiacán en el que
se tuvo que dejar libre a Ovidio Guzmán, hijo de “El Chapo” Guzmán, so pena de
desatar una verdadera masacre. Prevaleció la razón, pero desató una guerra
mediática sin precedentes en contra de tal decisión y sobre todo en contra del
Presidente López Obrador por esta determinación. Duras han sido las críticas
por esta determinación.

Cuando parecía que se calmaban las cosas, sucede el
lamentable suceso de la Familia Le Barón y nuevamente se viene la avalancha de
críticas y reclamos, la gente quiere sangre, exigen declaración de guerra
contra la delincuencia organizada, mano dura, todo el peso del Estado, no
aceptan razones, rechazan los argumentos de la estrategia del Presidente y van
más allá, exigiéndole su renuncia. La situación es muy grave, las razones y
argumentos no encuentran oídos, muchos se han radicalizado, llegando al
fundamentalismo, no ven otra solución más que el extermino de los miembros de los
cárteles, ¡que los maten a todos!

Aquí en el pueblo, sabemos lo que es vivir y coexistir con
la delincuencia organizada, ya lo vemos como algo cotidiano, hemos perdido la
capacidad de asombro ante las balaceras que se suceden un día sí y otro
también, por una colonia o por otra ya son parte de nuestra cotidianidad; sin
embargo, sabemos que la guerra es entre ellos, los cárteles se diputan la
plaza, los crímenes no son contra la ciudadanía, sino contra ellos mismos, se
reclaman territorios, dirimen viejas y añejas rencillas, sostienen una guerra
sin cuartel. Sólo le pedimos a Dios no estar en medio de un enfrentamiento así,
porque tristemente nos convertimos en daño colateral.

Es importante poner las cosas y los hechos en su exacta
dimensión: estas circunstancias no se generaron en el último año, son una
“herencia maldita” de más de 30 años de contubernio entre el crimen organizado
y el propio Estado, lo grave es que en muchos estados de la república esta
deplorable relación persiste, por eso está resultando tan difícil combatirlo,
“estamos durmiendo con el enemigo”. Felipe Calderón declaró una guerra sin
cuartel, se detuvieron a muchas cabezas y se asesinaron a cientos, la mayoría
muy jóvenes, esta estrategia continuó con Peña Nieto y las cosas no se solucionaron,
sino que empeoraron.

Si el combate frontal, la guerra declarada, el exterminio de
los miembros de los cárteles no dio resultado en 12 años, sino que se
exacerbaron, ¿para qué continuar con lo mismo? Si está plenamente demostrada su
ineficacia, no me explico ni entiendo a quienes exigen “mano dura” y que se
aplique todo el peso del Estado (entiéndase Ejército, Policías, etc.),
correrían ríos de sangre que sólo serviría para regar el odio. Por cada uno que
caiga, surgirían diez para suplirlos y costarían muchas vidas, más de gente
inocente. ¿Es esto lo que quieren los que tanto gritan? Acaso no les importan
las vidas de tanta gente, inocente o no, son vidas humanas.

La estrategia a la que le está apostando el Presidente López
Obrador, no es nueva, ya la puso en práctica Sergio Fajardo en Medellín,
Colombia, cuando era la ciudad más violenta del mundo, con excelentes
resultados, ahora es la ciudad con el más alto índice de desarrollo y la
violencia se redujo significativamente. Sólo cerraron los caminos y las puertas
para ingresar a la delincuencia organizada, se le hizo ver que ese camino sólo
tenía dos finales: cárcel o muerte; así que se les brindaron mejores opciones y
oportunidades de estudio o capacitación; no fue fácil ni rápido, pero
finalmente triunfó la razón. Este drástico cambio de paradigma es, no sólo más
efectivo, sino, y sobre todo, más humano.

Nos toca vivir tiempos inéditos, el cambio en el paradigma es total, no estamos acostumbrados a él, estábamos habituados al combate, a la guerra, a intentar apagar el fuego con gasolina, esto ya nos costó muchas vidas, es imperioso buscar nuevas formas. Ojalá que todos aquellos que se dicen cristianos piensen si es cristiano exigir al Presidente López Obrador que mate, asesine, extermine a la delincuencia, ¿es lícito pedir la muerte de hermanos? ¿Acaso no seremos capaces de encontrar otra solución que no sea la muerte?

Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un bello fin de semana en familia, no está de más que reflexione en lo dicho hoy, a la mejor se nos ocurre algo bueno.

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Obligado: Evo