El Mañana de Nuevo Laredo

Adolfo Mondragón

Personajes de mi Pueblo y del Otro Lado

Adolfo Mondragón

5 julio, 2020

Oralia Guerra Morales



Era hija de Don Filemón Guerra y Rosa Morales, vivían en la esquina de Camargo y Canales, a una cuadra del Palacio Federal y de la escuela Miguel F. Martínez, donde estudió; tocaba en la banda de guerra y jugaba beisbol. Era una mujer bellísima, alta, esbelta, con una mata de cabello impresionante que le gustaba usar recogido en la nuca, resaltando los finos rasgos de su rostro. Era mi suegra y siempre he dicho que me debí de haber casado con ella, una mujer fuera de serie, no sólo por su belleza, sino por su carácter formidable. Hace años, escribí esta Oda a mi suegra:
Mi suegra es una mujer extraordinaria, capaz de multiplicarse y prodigarse sin límites. ¡Darse!

Su día nunca es de sólo 24 horas, ella juega con el tiempo, lo alarga, lo detiene, lo entretiene. Nunca falta a nada, siempre está en todo; sin embargo, no ve, ni oye, mucho menos sabe lo que no debe. Y si lo vio, lo supo o lo oyó, nunca lo dirá. Miente con una facilidad asombrosa y convincente, pero sus mentiras son necesarias, inocentes, inofensivas y piadosas y contundentes que saliendo de su boca adquieren visos de verdad y son verdades que algo van a resolver, arreglar o componer. Además, miente con una gracia tan natural y espontánea que nunca suena ni queda mal.

Jamás la he visto sin arreglar, cuando sale de su recámara, sale con su porte de Reina y sonrisa de quinceañera; esa sonrisa es su más grande verdad y su mejor arma, la ilumina toda y con ella se ha enfrentado a las peores enfermedades y las ha vencido, ni la quimioterapia ni el bisturí, clínicas ni hospitales, médicos o enfermeras, nada ni nadie ni nunca, podrán con ella. Mi suegra es invencible, su fuerza es ella misma, porque mi suegra es una fortaleza con los puentes siempre abiertos al amor.

Conserva y lo sabe, restos de una belleza que se niega, como ella, a morir. Nunca le apostó sólo a su belleza, apostó y ganó a su fuerza, a su energía, a su coraje de ser y de seguir, por eso mi suegra nunca va a morir. Cuando la muerte se la ha querido llevar, siempre tiene un pendiente que hacer, algo que no podía esperar. ¿Qué es eso de morir?, así nomás, será cuando ella diga, será donde ella diga, será cuando ya no tenga nada que hacer.

Mi suegra es mejor abuela que madre, pero nunca mejor que mujer. Mujer- esposa, mujer-compañera, mujer-apoyo, mujer-consejera, mujer-de calle, mujer-de trabajo. Con su porte de Reina y su “reinita” es capaz de abrir las puertas de Palacio Nacional.

Hace tiempo que sus piernas se niegan a responder, pero su energía las ha obligado. ¡No serán ellas las que la detengan! ¡Quién les manda haberse cansado! ¡Una prótesis que no he acabado! Hay mucho camino todavía por andar. Nada la detiene, es brisa, es viento, es huracán, es arroyo, es río, es mar. Es cielo, nube, estrella, es el sol y la luna, mañana y noche, es ayer y hoy y siempre, es tiempo y espacio, es pregunta y respuesta. ¡Es inmortal!
Por todo esto y por muchas cosas más, mi suegra es una mujer extraordinaria es Oralia G. de Bolado. Y siempre lo será.

Finalmente, cuando entregó a su marido, cuando ya no tenía más que hacer, ella también se entregó al Señor, pero su recuerdo sigue vivo en sus nietos, en sus hijos y en mi corazón.

Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un maravilloso domingo en familia y en casa, encuéntrele el mejor lado al confinamiento, mientras sigamos vivos, se mantiene la esperanza.

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