El Mañana de Nuevo Laredo

Adolfo Mondragón

Personajes de mi Pueblo y del Otro Lado

Adolfo Mondragón

18 octubre, 2020

Pablo Mata Morán



Pablo es maestro, trabajó mucho tiempo como prefecto en la Secundaria 6, todos sus alumnos lo querían mucho por el trato siempre tan amable y comprensivo que les brindaba, era tolerante, pero no permisivo; estricto, pero no autoritario; justo, pero no intransigente, en fin, supo ganarse siempre el respeto de sus alumnos y de sus compañeros maestros, quienes veían en él un complemento perfecto a su labor, nunca un cómplice sino aliado leal, para juntos lograr la indispensable disciplina que se requiere en un plantel educativo para sacar adelante el trabajo.
Pablo es de las personas, tal vez muy pocas, de las que nadie habla mal, al contrario, siempre se expresan de la mejor manera. Es sencillo, sin complicaciones, humilde en su trato no tiene ni un asomo de arrogancia, calmado, casi llega a la parsimonia, pero con su ritmo natural, consigue hacer todo lo que se propone, a su paso, a su tiempo, pero todo lo hace y todo lo termina bien. Con esta suma de características que en él son cualidades, ha viajado por la vida, sin grandes problemas, derriba todos los obstáculos con su habitual perseverancia.  Últimamente en motocicleta, la que de pronto se ha convertido en su fiel compañera.
Cuando el profesor Samuel Sánchez Recio (el popular Chame) llegó a ser regidor, en la administración de Heberto Villarreal, lo invitó a que colaborara en el departamento de estacionómetros, dado que Pablo había estudiado relojería en Monterrey y era bueno en ese oficio; los estacionómetros (que no parquímetros) tienen un mecanismo muy similar a un reloj, por lo que no se le dificultaría arreglarlos. Más de la mitad no funcionaban, pero con su habitual paciencia y notoria perseverancia, inició su trabajo y poco a poco logró poner a muchos a trabajar e incorporarlos al servicio.
En esa época, el emblemático Reloj Público de la Plaza Hidalgo estaba, como frecuentemente suele suceder, descompuesto, tenía muchos años sin trabajar.  Le entregaron las llaves y abrió una verdadera caja de pandora, empezó por sacar herramientas y aperos de los jardineros, que nada tenían que hacer en ese lugar, lo usaron como bodega, ese lugar que era casi sagrado. Pablo se dio a la minuciosa tarea de revisar pieza por pieza y descubrió, no sin tristeza, que faltaban muchas y eran importantes, así que se dio a la tarea de iniciar una investigación para localizarlas.
Por sus indagatorias supo que podían estar en los almacenes de la presidencia, son unas bodegas ubicadas atrás de las instalaciones de Comapa, donde ahora están las oficinas de la Secretaría de Servicios Públicos. Hurgando en cada rincón, haciendo a un lado tiliches y cachivaches, objetos, paquetes de expedientes, y un sinfín de objetos ya inservibles, finalmente logró encontrar algunas piezas que rescató y restauró, otras hubo que fabricarlas él mismo, afortunadamente, gracias a su proverbial terquedad le permitió conseguir todo esto y como en toda labor por él emprendida, poco a apoco y sin desmayar fue armando cada parte, limpiando todo, aceitando el mecanismo.
Al tiempo, el viejo reloj de la Plaza Hidalgo volvió por sus fueros, sus campanadas volvieron a tañer alegres, avisándonos de la hora, de los cuartos y las medias y Pablo con su habitual calma, acudía cada determinado tiempo a volver a poner las pesadas pesas que son la cuerda y vida del reloj, a darle el mantenimiento necesario, aceitarlo y limpiarlo, siempre trepado hasta a lo más alto y subiendo por la incómoda escalerilla. Todo este trabajo lo ha hecho Pablo con cariño y vocación, sólo él ha sido capaz de revivir este emblemático símbolo del pueblo y sólo él lo mantuvo en buen estado; ahora que ya no lo hace, el viejo reloj se ha vuelto a descomponer, ya no hay quién lo arregle.
Pablo hace tiempo que se jubiló de la docencia, pero sigue con su segundo oficio de relojero, tiene sus clientes (yo entre ellos) que lo buscamos para que nos arregle el reloj de pared, o el enorme vertical o el antiguo cucú. Pocos relojeros de su estilo quedarán ya en el pueblo, afortunadamente Pablo aún sigue activo, a su paso, a su ritmo, con su característica calma, pero activo.
Gracias amable lector por haber tenido la gentileza de compartir conmigo esta breve semblanza de un gran personaje de nuestro pueblo, que si me pidieran que lo describiera con sólo una palabra diría: Bueno.
Le deseo un espléndido domingo en familia, disfrútela, ya merito llegan las vacunas contra el Covid-19 y seremos libres de nuevo.

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