El Mañana

lunes, 25 de marzo de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Padre nuestro, ¿estás en los cielos?

8 marzo, 2019

Antes de que entrara el año 2000 se pensaba que esa era la fecha marcada para la nueva venida del Hijo del Hombre, al estar los pobladores de este mundo aterrorizados por las pasadas guerras mundiales, de esos otros tristes sucesos como hambrunas, enfermedades, por eso mismo y decepcionados de este tipo de vida, volteaban hacia arriba e imploraban a su dios, utilizaban su fe, pero de esas divinidades nadie escuchaba, nadie les respondía.
Hoy y ante esas similares y ausentes manifestaciones, la incredulidad sobre lo divino ha crecido, por lo mismo las nuevas generaciones mucho más se cuestionan y preguntan: Padre nuestro, ¿estás en los cielos?
Pero, es realmente culpa de esa callada divinidad que, aunque no se manifiesta, pero que sin embargo a través de los siglos sí que se ha agenciado, crecido en fieles seguidores el que los seres humanos se estén autodestruyendo, lesionándose y convirtiéndose por lo mismo en esos claros enemigos; al entender que desde los tiempos remotos precisamente para contener la ira de esta raza humana se han creado, han existido innumerables reguladores de conducta impulsores de ese bienestar cotidiano.
El Dr. William F. Allbright, decano de los arqueólogos bíblicos, en un extenso trabajo de investigación que llevó a cabo en la década de los años sesenta, expuso la “ley de Thora” o de Moisés, la que estaba cimentada en principios éticos y religiosos. En su análisis externa que muchas leyes que por siglos han gobernado a este mundo fluyeron de ésta.
Incluso en su escrito asume que el derecho civil de la Roma pagana refleja en gran parte esos pilares de la moral, que el carácter humanitario de muchas leyes, así como la costumbre de un día de descanso semanal, el actuar como esos defensores de los derechos civiles indica que tiene su origen en el Thora.
Es así como va surgiendo esa evolución de aspectos normativos, del Thora se desprende con agregados el talmud, instrumento lleno de leyes canónicas y civiles; por otro lado, la alianza mosaica detalla también leyes civiles y criminales.
Allbright afirma que Moisés fue inspirado por la propia tradición de su pueblo en donde se crió, en donde pasara su juventud, rodeado de leyes y severos códigos, recopilando muchos de éstos, y que la culminación por decir así de todas leyes se centra en el decálogo de los diez mandamientos, la que consiste en órdenes y prohibiciones.
Con esto queda más que claro que la humanidad y a través de los tiempos se ha regido, ha sido “calmada” por innumerables leyes y reglamentos que han tenido su origen en esta tierra, y aunque incrustados de cierto modo en pasajes bíblicos, en distintas religiones, reafirma por esas similitudes de leyes antiguas o modernas que fueron creaciones no de seres divinos, si no de los propios humanos.
Por supuesto que la vida terrenal, su desarrollo le ha propiciado el creer en algo, tener esa fe, para lo mismo ha recurrido a figuras, ha adorado a seres míticos, dioses, para pedir calme sus penas, sus dolores, les vaya bien o lograr subsanar todas esas necesidades. Pero el rezo, el implorar por ese algo, hincarse y suplicar, aun no ha sido suficiente para que de esos seres divinos se tenga por igual esa respuesta, esa clara manifestación a lo que se les demanda.
Pues en esta vida terrenal cuántas veces no ha sucedido implorar ante esa figura porque esa enfermedad terminal sane, se alivie y no llega esa respuesta, no sucede absolutamente nada y muere. Pues en esta vida terrenal cuántas veces no ha sucedido hincarse ante ese ser mítico, avanzando y destrozándose las rodillas, lastimándose para pedir no ser despojado de algo y no hay respuesta, no sucede absolutamente nada, no ocurre ese milagro.
Pues en esta vida terrenal cuántas veces no ha sucedido suplicar a ese Dios porque ese ser querido no se vaya, no abandone el hogar, a los hijos, a la pareja y no hay respuesta, no sucede absolutamente nada, se aleja del hogar.
En consecuencia, se recurre ante esa enfermedad al doctor, ante esa injusticia del despojo material con un juez, ante esa disolución familiar tan sólo al llanto y arrepentimiento. Por esto mismo se puede nuevamente cuestionar, sobre estos y otros similares sucesos que le ocurren a la mayoría de la humanidad, en dónde están esas leyes divinas para subsanar el dolor, el pesar, las injusticias.
Pues nunca más se han manifestado esas acciones divinas para devolverle la vista al ciego, aplicar esa justicia divina con la balanza de los pescados, ni mucho menos ante una plegaria resucitar a ese muerto deseado.
Sí existe un ser divino, un dios, pero sólo en la mente de los creyentes; hay infinidad de santos, vírgenes a los que se les puede rezar, implorar, pero la respuesta de esos personajes desafortunadamente para muchos sigue siendo nula. Entonces, cuándo verdaderamente se van a manifestar esos dioses, esos seres divinos para calmar la ira de la humanidad, para juzgarlos, enviarlos y de una buena vez a ese tan deseado paraíso, pues este infierno terrenal en verdad que ya es insoportable para la convivencia, para la vida humana.
Acaso se tienen que esperar otros mil años para ver si ya se manifiestan, hasta que se complete el propio auto exterminio del ser humano, o hasta que la gente ya no crea, en consecuencia, ya no acepte ninguno de los sacramentos a los que, por siglos sus creencias los han marcado como sus absolutos simbolismos hacia esa aceptación divina.
Hoy con tristeza se ve como la mayoría de los gobiernos que rigen al mundo utilizan a sus ciudadanos para defender sus ideologías, su forma de administrar, en consecuencia, los enfrentan unos con otros, los mandan a las guerras a morir matando.
Hoy con tristeza se ve como esa figura política que domina en un país y que, como resultado de ese voto, de esa confianza ciudadana, defrauda a sus propios ciudadanos, por causas de malas prácticas, de corrupción que deja sin oportunidades de una mejor vida para con sus pobladores, provocando en éstos esa necesidad de subsistir utilizando la violencia.
Hoy con tristeza se ve como la mayoría de las iglesias que se supone representan a seres divinos por igual abusan de su imagen para lastimar de distintas formas a sus creyentes, muchos de los ministros, pastores faltan a sus más básicos principios morales, cometen fraudes en contra de sus propias congregaciones, exigen comodidades al sentirse protegidos por ese modelo de “divinidad” absoluta que según poseen.
Ante este total y negativo panorama quizás haga falta una ley más, entonces si esta fuera de origen divino debería decir: salvar a la humanidad de este mundo lleno de odio y maldad, pero si está fuera de origen terrenal debería ordenar: salvar a este mundo de esa humanidad llena de odio y maldad.