El Mañana

martes, 22 de octubre de 2019

Oscar Leal
Aventuras del Mantarraya Oscar Leal

Paletones miniatura

15 agosto, 2019

La lluvia de variedades disponibles en la compra de señuelos no tiene límites; después de visitar una tienda de artículos deportivos, me topé con la oferta de una tercia de mini paletones que logró captar mi atención gracias a su minúsculo precio, pagando uno te ofrecían llevarte tres ejemplares, los cuales contaban con una longitud de apenas una pulgada de largo. Con tonalidades rojizas tornasol me incitaron a comprarlos.
Después de visitar un paraje de pesca sobre las márgenes del río Bravo, donde un remanso (brazo del río) nos ofreció la oportunidad de probar estos minúsculos señuelos; debido a su tamaño es necesario utilizar un sedal de 8 libras (delgado y muy ligero) para lograr lances largos que obliguen a mostrar cómo trabaja este señuelo dentro del agua.
Desde los primeros lances fue fácil notar su acción zigzagueante a ras del agua y a pesar de su falta de peso y modesta paleta frontal logro ganar profundidad rápidamente en las aguas calmas, después de terquearle mucho, por fin logramos captar la atención de una tercia de robaletas, lo cual confirmó su potencial.
Metros más adelante una modesta corriente con suelo empedrado, nos llama la atención y enviamos lances a favor de la corriente, obligando a que el señuelo fuera arrastrado metros más adelante frente a unos carrizales, apenas el señuelo se acercaba a ellos “PPPOMMM” las robaletas, cayendo en el engaño mordían el anzuelo, apenas retirábamos el anzuelo de su hocico repitiendo la acción. La corriente se encargaba de enviar el señuelo hacia los carrizales y “PPPOOMM” otra robaleta a la canasta, hasta que un pez de mejor tamaño mostró un fuerte tirón y logró refugiarse entre los carrizales, al rozar la línea delgada logró romperla.
Sin abandonar el punto coloqué mi segundo mini paletón y seguimos atacando las corrientes con lances matones, sumando una y otra descarga de adrenalina en forma de robaleta.
Sin verla venir la línea experimentó otro enganche más fuerte y la línea volvió a rozar los carrizales, tronando lo cual sólo me dejó con un último mini señuelo.
Con la intención de no perder el último mini paletón y averiguar qué pez era el que estaba obligándonos a romper las líneas, cambié de carrete con línea de 17 libras de aguante y coloqué el último señuelo disponible, lo lancé una vez más hacia las corrientes y después de enganchar una tercia más de robaletas, por fin una vez más un potente tirón a la línea me pone en alerta y dispara mi adrenalina, con la vara doblada a mil, trabajando al posible culpable de la pérdida de un par de señuelos. Con la corriente en contra y su peso a favor, después de cansarlo en aguas turbias, una vez en la orilla pude descubrir el cuerpo regordete de una lobina de dos kilos y medio de peso, su característico apetito de nivel voraz mostraba un señuelo al ras de su hocico y uno más en su garganta…
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