El Mañana

domingo, 22 de septiembre de 2019

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Pan y circo

23 junio, 2019

En Nuevo Laredo, como en el resto de México y los países en “vías de desarrollo” -para que suene amable-, prevalece el mecanismo del Pan y Circo, en el que a pesar de las tantas necesidades que tiene la ciudad el gobierno invierte cantidades exorbitantes en entretenimiento, pero no en la misma proporción para subsanar esas necesidades tan apremiantes.

Recientemente en el marco de las celebraciones de un aniversario más de la ciudad vimos cómo se hizo un enorme despliegue con un grupo musical, escenario enorme y “campechaneada”, mientras en toda la ciudad se vive una gran problemática de baches, en otros sectores se adolece de baja presión o incluso que sólo tienen agua potable en ciertas horas y en esas horas apenas y sale un chorrito y en otras más ni agua tienen.

Para aclarar, no estamos en contra de que se invierta en esparcimiento, especialmente si contribuye culturalmente -que en el caso del concierto al que nos referimos es cuestionable y hasta debatible-, pero no debe ser desproporcionado con respecto a las necesidades primordiales que aquejan a Nuevo Laredo.

La práctica desde tiempos de los romanos o tal vez hasta antes, el Pan y Circo les ha sido efectivo como medida populista, acercándonos a lo contemporáneo, el PRI no sólo adoptó esa tradición, sino que la elevó a una escala distinta y ahora el PAN -que adoptó las malas mañas del partido anterior- ha tomado la batuta y sigue considerando mejor inversión para perpetuarse en el poder, entretener al pueblo -particularmente al segmento más castigado- que en verdad hacer algo por él.

Por muchos años también se ha dicho que un pueblo tiene el gobierno que se merece y se abre el debate; ¿en verdad nos merecemos este alcalde y gobernador?

Cuando hay un enorme abstencionismo en las votaciones algunos dicen que es irrefutable esa culpa, pues esa falta de cumplimiento de un deber cívico deriva siempre en que queden los que movilizaron el voto duro y no llegan al poder con una verdadera representatividad de la población, mientras que cuando la votación es copiosa o al menos moderada y al final el gobernante traiciona al pueblo con sus promesas rotas y actitudes contrarias a las que fomentaba en campaña; entonces ahí el traidor es el gobernante.

En cualquiera de los dos escenarios, es el gobernante el que traiciona el pueblo, pues independientemente de que sea elegido por un solo segmento forzado o por una mayoría, es su deber velar por los intereses del pueblo, incluso al tomar protesta juran ese compromiso, todo para que al final sólo lleguen para enriquecerse.

Entonces, ¿tenemos el gobierno que merecemos o nos traicionan?, ¿o ambas?