El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

Pedro Chapa Salinas
En voz alta Pedro Chapa Salinas

Para que sepan a lo que se atienen

7 julio, 2019

No es ninguna novedad la manera en que nuestros vecinos del norte tratan a los miles de niños migrantes, quienes en muchos de los casos se encuentran separados de sus madres. De hecho hace ya varios años comentamos sobre el tema en esta su columna, sin embargo, decidimos retomarlo debido a las múltiples denuncias e historias de terror que siguen persistiendo de aquel lado del río; ahora justo en la vecina ciudad del Valle en McAllen, Texas, donde se encuentra uno de los cientos de centros de detención para indocumentados que buscan asilo, muchas de ellas, con justa y debida razón.

Justo esta semana que hoy termina salió publicado un reportaje interesantísimo y a la vez desgarrador de Jeremy Raff, quien colabora como columnista político para el medio norteamericano The Atlantic, el periodista hace una entrevista a una pediatra de nombre Dolly Lucio Sevier, quien es la responsable de evaluar a los niños menores de edad que llegan en calidad de criminales -así son considerados por ley-, y son puestos a disposición de los agentes de la Border Patrol, quienes los mantienen presos en estas infames instalaciones hasta no definirse su situación migratoria, misma que puede tardar varios meses.

Ya de por sí, el solo hecho de mantener privado de su libertad a un niño resulta aberrante, más entonces es inhumano que por circunstancias ajenas a su personase les mantenga en condiciones deplorables como las que denuncia esta valiente doctora, quien cuenta de viva voz las atrocidades que se cometen a diario en contra de los menores, como negarle la posibilidad de lavar la ropa interior a la madre de uno de ellos, o lavar los biberones, teniendo que soportar las altísimas temperaturas mayores a los 40 grados dentro de estas bodegas improvisadas, ya que sólo cuentan con ventiladores.

…“son más de mil bebés deshidratados, desnutridos, y niños con severos traumas psicológicos que se encuentran hacinados en condiciones infrahumanas”. Dolly denunció públicamente que en su opinión profesional, lo que se está cometiendo en contra de estos seres humanos indefensos “es una desgracia”, y le ocasiona impotencia y tristeza que no se tome en cuenta el diagnóstico médico que a ella le compete emitir. “Ya no por ética o responsabilidad social, sino por un sentimiento básico de humanidad se debe poner atención a lo que ahí dentro sucede”. “Es lo más parecido a un campo de concentración que yo jamás haya visto…” declaró la doctora Lucio.

Mientras los guardias de la Patrulla Fronteriza que interactúan con estos pequeños solitarios desamparados usan tapabocas, toallitas y jabón desinfectante, a estos últimos no se les permite lavarse las manos o la boca, propiciando la transmisión de enfermedades entre ellos mismos. “Me da pena que en un país de libertades y supuestamente ejemplo de la aplicación de los derechos humanos se esté tratando de esta manera a las personas”.

Lo que más le sorprendió según la entrevistada, es que por regla no se apagan las luces “brillantes e incandescentes” durante toda la noche, “imagínense los trastornos que esto ocasiona a los niños durante todo este tiempo”.

ADENDUM

Sobre el mismo tema. Hoy leí una nota que no me causó extrañeza alguna, pero sí enojo e impotencia: “Para que sepan a lo que se enfrentan y se atienen los que quieren cruzar la frontera de manera ilegal…”, Trump refiriéndose a esta entrevista que causó revuelo internacional.