El Mañana

miércoles, 21 de agosto de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
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Patrick

7 agosto, 2019

Aunque no es la primera masacre de este tipo en los Estados Unidos, y, desafortunadamente, tampoco será la última, el terrible suceso en El Paso, Texas del pasado sábado, ha sido uno de los más comentados en todos los medios del país, sobre todo, porque esta acción fue derivada por prejuicios irracionales (¿acaso habrá algún prejuicio racional?) hacia los mexicanos, que, para Patrick Crusius, eran como alimañas dañinas a las que había que eliminar.

Pero no nos extrañemos, ya que muchos de nosotros, nos parecemos a Patrick, más de lo que nos imaginamos. En el paso de migrantes por nuestro país, nuestra manera de pensar hacia ellos, no es muy distinta a la de Patrick.

Estamos viviendo una polarización a la que nos hemos acostumbrado, donde los insultos, más que la sensatez, contaminan las redes sociales de quienes osan tener distintas preferencias a las nuestras, en lo político, social, deportivo, orientación sexual o religioso.

En una homilía, en su viaje a Macedonia, el Papa hablaba así:

“Nos hemos acostumbrado a comer el pan duro de la desinformación y hemos terminado presos del descrédito, las etiquetas y la descalificación; hemos creído que el conformismo saciaría nuestra sed y hemos acabado bebiendo de la indiferencia y la insensibilidad; nos hemos alimentado con sueños de esplendor y grandeza y hemos terminado comiendo distracción, encierro y soledad; nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad. Hemos buscado el resultado rápido y seguro y nos vemos abrumados por la impaciencia y la ansiedad. Presos de la virtualidad hemos perdido el gusto y el sabor de la realidad”.

Es cierto que los humanos fallamos, y muchos han vivido la experiencia de la desconfianza, por las heridas que hemos recibido de los demás, y hemos dejado que el orgullo y el resentimiento nos contaminen, y solemos actuar en contra de los más débiles, de quienes no tienen defensa, como si la supremacía reafirmara nuestra vida. La manera altanera en que Patrick se ha mostrado ante las autoridades, presumiendo su hazaña e incluso sin importarle que sea sentenciado a muerte, parecieran no importarle mucho, llegando a pensar que, incluso, sea considerado por un mártir. No nos extrañemos, para muchas personas en el país, que han llevado una vida antisocial, han llegado a considerar como héroes dignos de veneración y de corridos musicales que narran sus hazañas.

¿Tendremos la esperanza de un mejor futuro? ¿Seguiremos priorizando las diferencias? El futuro de la convivencia humana, depende de la madurez de nuestras respuestas y conductas. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com

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