El Mañana

sábado, 20 de abril de 2019

Guadalupe Loaeza
Artículo Guadalupe Loaeza

Perdón

3 abril, 2019

Querido tatarabuelo:

Apenas ahorita me entero que debo perdonarte por tu participación indirecta, y por el solo hecho de estar emparentado con la familia Loaisa que llegara a México en 1523, dos años después de la caída de Tenochtitlán.

Tengo en mi haber, un documento que tú mismo escribiste de puño y letra y que dice: “José Manuel, hijo legítimo y de legítimo matrimonio de Don José Mariano de Loaeza, guarda que fue de la Renta del Tabaco y de Doña Gertrudis Rivera, hija natural de Doña Rosa Rivera; nació el 17 de junio de 1788. Se casó”.

Primero te casaste con doña Frisca, cuyos padres eran vecinos de Jamiltepec. Mi primera tatarabuela murió “a resultas del sarampión que se le hizo violencia”, para después casarte en 1827 con mi segunda tatarabuela, Doña Manuela Caldelas, nacida en Tututepeque.

Quiero pensar que para entonces tú, mi tatarabuela y tu hijo Juan Antonio, mi bisabuelo, y sus hermanos, nacieron mestizos. ¿Qué porcentaje de sangre indígena y cuánto de española? Lo ignoro.

Como mexicana, producto del mestizaje, después de haberme hecho la prueba de ADN, tengo 28 por ciento de sangre indígena y lo demás europea. De lo cual estoy muy orgullosa, así como lo estoy de tus hijos: José Manuel, Ciriaco, Francisco, Juan Antonio, Félix, Domingo, Joaquín y Eleazar, quienes participaron en la Batalla de Puebla del 5 de mayo, no en balde, el General Sóstenes Rocha afirmaba que los siete oaxaqueños, sin duda, eran “raza de valientes”.

¿Por qué debo perdonarte a ti y a todos mis ancestros que llegaron de Cuenca, España, a Oaxaca entre 1523 y 1530? Has de saber, querido tatarabuelo, que Andrés Manuel López Obrador, cuyos abuelos eran españoles y quien lleva apenas un poquito más de tres meses como Presidente de la República, le mandó una carta al Rey Felipe VI y al Papa para que se disculparan con México por los abusos cometidos hace 500 años y que “el Reino de España exprese de manera pública y oficial el reconocimiento de los agravios causados” en la Conquista. López Obrador propone “una ceremonia conjunta al más alto nivel” en el 2021 y que ambos países redacten “un relato compartido, público y socializado” de lo ocurrido durante la Conquista.

“El gobierno que presido quiere recordar ese acontecimiento reconstruyendo la reconciliación con el pasado del país, por más remoto que parezca. Tal fecha coincidirá con los 500 años de la caída de Tenochtitlán y el inicio de la Colonia, y se establecerá el 21 de septiembre como Día de la Reconciliación Histórica”, se leía en el borrador de cuatro páginas.

Claro que unos días después el Gobierno de España respondió airadamente y rechazó “con toda firmeza” la petición del Presidente de México. Desde entonces se ha creado una polémica intensísima entre intelectuales, periodistas de los dos países, escritores y las redes: que si Hernán Cortés es considerado un depredador de infausto recuerdo, que si Austria debía exigir una disculpa a López Obrador por el asesinato de Maximiliano, que si Francia debería de exigirle a Italia disculpas por el comportamiento de Julio César en la guerra de las Galias.

Incluso el escritor peruano Vargas Llosa afirmó en la ceremonia inaugural del VIII Congreso de la Lengua Española, presidida por el rey: “Tengo la impresión de que se equivocó de destinatarios, debió enviarse la carta a él mismo y responder a la pregunta de por qué México, que hace cinco siglos se incorporó al mundo occidental gracias a España, tiene todavía tantos miles de indios marginados, pobres, ignorantes, explotados”.

Debo reconocer que le doy la bienvenida a la polémica, ya que nos confirma que la herida de la Conquista aún no cicatriza, y que sigue causando, entre la mayoría de los mexicanos, mucho dolor y confusión: ¿quiénes somos?, ¿por qué somos como somos?, ¿qué significa ser mexicano?

Dice el escritor mexicano Carlos Fuentes en su libro “El Naranjo”, en boca de Martín 1, hijo de Juana Zúñiga, uno de los de los 12 hijos que tuvo Hernán Cortés: “España, lo recuerdo ante todo, es el país de la envidia”.

Por su parte, Martín 2, hijo de la Malinche, reconoce que su “papacito” era una mezcla de “vanidad y misericordia unidas: una parte de él, necesitaba el reconocimiento, la riqueza, el capricho como regla; otra, pedía para nosotros, su nuevo pueblo mexicano, compasión y derecho”.

No me resta, querido tatarabuelo, más que perdonarte, porque intuyo que en el fondo rechazabas las formas tan violentas de España que tuvo en la Conquista y porque educaste a tus hijos en el amor por México.

gloaezatovar@yahoo.com