El Mañana

jueves, 22 de agosto de 2019

Guadalupe Loaeza
Opinión Guadalupe Loaeza

Pésame

28 diciembre, 2018

Queridos amigos, desde que me enteré de la muerte de su hijo Rafael y su nuera, Érika, no he dejado de pensar en ustedes. No quiero detenerme en análisis políticos, ni mucho menos en conjeturas, ya que hasta el momento aún no se han esclarecido los verdaderos motivos del accidente del helicóptero.
De lo único que estoy cierta es de su dolor, de su duelo y de todas las dudas que deja una muerte tan súbita de dos personajes políticos; él, Rafael, como ex gobernador y senador, y ella, Érika, como gobernadora constitucional de un estado tan importante como Puebla. Inútil decir el poder que tenían ambos, juntos como por separado.
Más de cinco veces fui con ustedes a Puebla para escuchar los Informes de Gobierno de su hijo Rafael. En el camino siempre me sentaba al lado de la mamá más orgullosa del mundo.
Tú, Gaby, siempre me platicabas de los éxitos, desde que tu hijo era adolescente y estudiaba en la Escuela Moderna Americana. “Se sacaba puro 10”, me decías muy ufana.
Me contabas que cuando Rafael estudió la carrera de Economía y Ciencias Políticas obtuvo la distinción “Magna Cum Laude”. Igualmente me dijiste que había recibido el reconocimiento “Wall Street Journal Student y el Political Science Certificate o Merit Award”.
Te escuchaba conmovida y te confieso que con cierto escepticismo. Sin embargo, al escuchar cada uno de los informes, me decía que te quedabas chiquita con tu admiración.
Me acuerdo que en su Tercer Informe de Gobierno habló de la inversión extranjera que captó Puebla entre 2011 y 2013: ¡mil 571 millones de dólares! Nada más en cultura, a tres años de Gobierno, se habían invertido 722 millones de pesos en diversos programas de promoción cultural.
Nos anunció que de lo que iba de su administración Volkswagen había realizado inversiones por más de 12 mil millones de pesos. Asimismo, comentó en ese mismo informe una inversión de mil 300 millones de dólares de la empresa Audi, la cual instalaría su nueva planta armadora en Puebla.
En tres años se habían creado 10 mil empleos directos y se esperaban 30 mil adicionales en los próximos años generados por la cadena de proveeduría. Pero su mejor logro fue la primera planta de vehículos premium que se instalaría en México, siendo la única en América Latina.
Con ello, Puebla se consolidaría como el cluster automotriz más importante del país y la entidad con esta inversión crecerá 2 puntos porcentuales en su PIB. “Invertir, invertir, invertir!, era para Rafael su mayor consigna.
Con esa misma energía y entusiasmo inauguró el Parque Lineal, el Jardín del Arte, la Estrella de Puebla, el Parque Metropolitano y el Paseo del Río Atoyac. La afluencia de visitantes al estado había crecido un 44 por ciento en los últimos dos años, como resultado de la creación de infraestructura y de la designación de seis municipios como Pueblos Mágicos.
Bajo su Gobierno se construyeron muchos museos, allí está el Museo Barroco, el mejor del mundo, y el de la Música dedicado a Rafael Tovar y de Teresa.
Rafael papá, cómo no estar orgulloso de ese hijo cuyo lema heredado de su abuela Lucina que tanto quiso, dice: “Sólo triunfa quien se enfrenta a sus problemas. No quien se lamenta de ellos”, lo llevó hasta sus últimas consecuencias.
Digan lo que digan sus adversarios, sobre todo en estos momentos de tantas divisiones entre los poblanos, mi querido Rafael, tu hijo fue un gobernador eficaz, muy trabajador y un político visionario.
Por esa misma visión vio en su Érika, su mujer, la posibilidad de que fuera una espléndida gobernadora. A ella la conocí menos. Nada más fui a Puebla a escuchar un Informe como presidenta del DIF.
Me gustó la forma enérgica, pero muy sencilla con la que describía su desempeño. Siempre me pareció una mujer inteligente y discreta. Me gustaba su sonrisa, pero sobre todo, sus ganas de hacer muchas cosas para las mujeres y niños de Puebla.
Queridos amigos, no sé qué más decirles en estos momentos de tanto desconsuelo y frustración por atestiguar rotas dos vidas, su hijo de 50 y su nuera, de 45 años. Un matrimonio joven, una pareja que veía hacia los mismos objetivos, trabajar, trabajar y trabajar para su estado.
Nunca le acabaré de agradecer a su hijo Rafael, el diploma que tuve el honor de recibir de sus manos por la participación heroica de mi tío bisabuelo el General Francisco Loaeza Caldelas, cuya valentía y arrojo en la Batalla del 5 de Mayo de 1862 contagió a su batallón hasta el triunfo.
Allí tengo el diploma enmarcado y colgado en mi estudio con la firma del gobernador constitucional Rafael Moreno Valle Rosas.
 gloaezatovar@yahoo.com
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