El Mañana de Nuevo Laredo

Oscar Leal

Aventuras del Mantarraya

Oscar Leal

18 octubre, 2020

Pesca al atardecer



El comportamiento de la fauna acuática es por demás interesante, si giramos todos los reflectores hacia la lobina podremos identificarla como una especie que se caracteriza por acechar a sus presas, gracias a sus genes, esto la coloca en lo más alto de la cadena alimenticia, gracias a cientos de años dentro de su desarrollo evolutivo sus ciclos de comportamiento se rigen principalmente por la luz solar y la temperatura que estos provocan sobre el planeta Tierra, provocando los cambios climáticos que alteran la temperatura del ambiente y principalmente la del agua.
Los rayos solares matutinos rompen con su estado de reposo, incitándolos a recorrer su zona de caza favorita; esta especie por lo general es muy territorial, siempre evita las situaciones de peligro, pero si un macho de menor tamaño es sorprendido merodeando en su territorio, sin dudar será atacado. Un macho o hembra de edad avanzada cuenta con una rutina muy establecida, después de alimentarse siempre se retirarán a sus zonas de reposo, donde se mantendrán por horas en espera de obtener buena digestión, siempre estáticos, ahorrando la mayor cantidad de energía.
Para el mediodía, ya que el sol alcanza lo más alto e irradia la mayor cantidad de calor hacia las aguas bajas, justo ahí es donde los peces de menor tamaño se concentran, zonas que por el atardecer se vuelven una visita relámpago obligada para los peces de mayor tamaño en busca de alimentarse, las aguas más cálidas incitan a la fotosíntesis de las plantas acuáticas y otorgan una inyección de oxígeno a los peces que merodean estas áreas. Como resultado los peces se tornan más activos, en estas horas vespertinas, ofreciendo un plus para los pescadores que comprenden el comportamiento de esta especie, gustan de aprovechar las tardes para lograr enganches explosivos, que se alargan hasta minutos antes del ocaso, este tipo de comportamiento me remonta a la presa de Las Blancas.
Ahí su estructura principal está cubierta por edrila (planta acuática), la cual forma una alfombra en el 80 por ciento de su suelo, las tardes se vuelven mágicas a la hora de realizar lances, donde los señuelos artificiales en forma de sencos y lagartijas en tono café calabaza contrasta contra el fondo verde, haciéndolos más llamativos a la vista de las lobinas, cien por ciento efectivas, una vez que localizas un cardumen se logra un enganches por tiro.
La pared de las compuertas fabricada a base de hormigón siempre de frente al sol absorbe durante el día los rayos solares, elevando su temperatura y esta a su vez la transmite al contacto con el agua que lo rodea, zona fértil, siempre cuenta con alevines a la vista, comida predilecta de la lobina y zona obligada de pesca. Frente a esta pared, a escasos metros de distancia, un par de islotes de piedra sumergidas nos proporcionan el hábitat perfecto y lugar de pesca preferido para este su humilde servidor.
Aprovechar los atardeceres para pescar de orilla o sobre una embarcación, nos brindan la oportunidad de encontrar peces en el mejor estado anímico del día, su afán por alimentarse antes de que el sol se oculte nubla su estado de alerta todo lo que le pase por enfrente y parezca comida, será atacado de forma intempestiva.
Cuéntame tu historia,
tu ya conoces la mía.
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