El Mañana de Nuevo Laredo

Padre Leonardo López Guajardo

Compartiendo Opiniones

Padre Leonardo López Guajardo

1 julio, 2020

Prejuicios



El pasado fin de semana, si las exigencias sanitarias hubieran sido distintas, en muchas partes del mundo se hubieran realizado extravagantes y coloridas marchas a favor de los derechos de los homosexuales, haciendo hincapié en el rechazo y el hostigamiento que existe en su contra.

Y, aunque en Occidente no existen leyes en contra de la homosexualidad por sí misma (es decir, no es ningún delito ser homosexual, aunque con las limitantes de respeto que imperan en cualquier tipo de preferencia sexual), y cualquier acción que se realice en su contra debe de ser castigada, para muchos de ellos se trata de no solamente aceptarlos, sino de estar totalmente de acuerdo con ellos, ya que, de no hacerlo, se les endilga el mote de “homofóbicos”.

Para muchos miembros más beligerantes de estos grupos, pareciera que para quienes no comparten sus ideas, deben de ser sumisos a sus ideologías, rayando en actitudes fanáticas que impiden la convivencia.

Un blanco de estos grupos es la Iglesia, a quien han tachado siempre de contraria. La historia muestra otros hechos. En tiempos de la Colonia, no hubo una sola sentencia de muerte por el hecho de ser homosexual. La Inquisición en casi tres siglos, condenó a muerte a 42 personas, pero por razones muy diversas. Aunque con los criterios actuales, no se aceptaría una sola de esas muertes, lo cierto que es mentira que hayan sido centenares de ejecuciones como los prejuicios de desinformados lo han hecho creer.

Los aztecas condenaban a muerte a quienes practicaran los actos homosexuales, según los testimonios recopilados en el siglo XVI, cosa que la Iglesia nunca hizo. Su oposición es moral, no legal.

Y, ¿y cuál es la enseñanza oficial de la Iglesia con respecto a este tema? Primero, define la homosexualidad, de la cual, se conocen las causas. Muestran el fundamento bíblico y después los éticos:

“2357 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cfGn19, 1-29; Rm1, 24-27; 1 Co6, 10;1 Tm1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso”.

El segundo punto es interesante, ya que se señala el desacuerdo con las conductas homosexuales, pero nunca el rechazo a la persona homosexual, aunque no modifique su conducta.

“2358 Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición”.

Siempre habrá personas que acusen a la Iglesia de fanática, pero ahí está la doctrina oficial para desmentirlo. No escuchemos a las voces que señalan conflictos, muchas veces exagerados, sino a las sensatas. Las descalificaciones, gritos, insultos, extravagancias y prejuicios suelen contaminar las mejores causas. Ponerse al lado de la inteligencia y de la sensatez, son las condiciones necesarias para una adecuada convivencia. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

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