El Mañana

lunes, 24 de junio de 2019

Adolfo Mondragón
Personajes de mi Pueblo y del Otro Lado Adolfo Mondragón

Profa. Anastacia Salinas Rincón

5 mayo, 2019

Tachita es todo un personaje, una de las mujeres que más he admirado desde siempre. La conocí cuando éramos estudiantes de la Normal, ella estaba en segundo cuando yo entré a primero, la recuerdo muy seria y circunspecta (hasta la fecha finge esa seriedad y circunspección aunque es una chispa de fácil encendido). Tenía el cabello muy largo, le llegaba debajo de la cintura y pasarían muchos años para que se lo cortara. Menudita, de andar presuroso y ojos vivarachos, cruzaba sus manos en el regazo si estaba sentada y aun estando de pie, los cruza.

Volví a encontrarla ya siendo maestros, durante un tiempo nos tocó trabajar juntos como auxiliares técnicos de la inspección; posteriormente me darían a mí la comisión de coordinador de ese equipo y encontré en Tachita más que una amiga, una compañera o una auxiliar, realmente ella hacía todo, siempre tenía soluciones, nunca problemas y se me adelantaba a todo, de tal suerte que yo sólo aprobaba lo que ella ya tenía hecho y avanzado. Sus ideas y propuestas eran coherente y pertinentes y como tenía el don del convencimiento y aun de mando, todo el equipo la seguíamos, hasta yo, que se supone era el coordinador.

Con el tiempo se integraría al naciente equipo de “Rincones de Lectura” que coordinaba las actividades de ese magnífico programa tristemente desaparecido. Junto a María Echartea y Gloria Cantú formaron una triada infatigable, entusiastas, comprometidas y entregadas totalmente al proyecto que fueron capaces de llevar a niveles inimaginables; no hubo escuela que no recibiera su visita y contagiaran de su entusiasmo a sus maestros, les enseñaban las técnicas de lectura, el contenido de los libros del proyecto, les ayudaban a programar sus tiempos y aprovechar la lectura como un magnífico auxiliar didáctico.

Sin embargo, su trabajo no terminaba en las escuelas pues al llegar a su casa siempre le esperaba un trabajo mayor pues tenía muy acendrado su sentido de responsabilidad como madre, esposa y ama de casa y cumplía con el mismo esmero y dedicación que lo hacía en el aula. Tachita tiene a su hijo mayor, totalmente dependiente de ella; así que al llegar a la casa lo cargaba y se lo encajaba materialmente en la cintura, lo detenía con el brazo izquierdo y con el derecho realizaba todas sus actividades como cocinar, poner la mesa, servir la comida, etc. Nunca dejó solo a su hijo mayor, pero también tenía que atender a su marido, el “viejo bigotes de perro”, como cariñosamente le decía a Rolando su marido recientemente fallecido.

Cuando alguna vez la vi realizando todas estas actividades en su hogar sin perder su entusiasmo, buen humor y mejor actitud, quedé pasmado y sorprendido, de esta manera creció esa admiración que siempre he sentido por Tachita, es realmente admirable cómo sin perder la sonrisa de su rostro, afronta todos los avatares que la vida le ha apuesto. Todo lo hace y lo resuelve, conserva su casa en perfecto orden y limpieza, nunca falta la comida a sus horas, atiende a todos, trabajo, hijos y marido, sin faltar a sus amigos. ¿Cómo le hace? Sólo ella lo sabe, la receta es su secreto y siempre de buena manera y mejor humor. ¡Admirable!

De pronto me entero que ella y Rolando abrieron un negocio de renta de películas, cuando estaban de moda, nuevamente la vi trabajar con entusiasmo y entrega, incansable, sin límite de tiempo, no sé cuántos años duró el negocio, pero Tachita supo multiplicarse para nuevamente no descuidar nada, casa hijos, marido y ahora negocio, ¡uf!, increíble.

Durante muchos años, se fue a Laredo, Texas, todos los días para ayudarle a su hija a cuidar a sus nietos, como si no tuviera suficiente trabajo, pero era más que una obligación un gusto que realizaba con amor. Yo creo que ese es el secreto de Tachita para hacer tantas cosas a la vez; que todo lo hace por y con amor. Seguiré admirando a Tachita siempre, es una mujer extraordinaria, fue una maestra de trayectoria intachable, mujer en toda la extensión de la palabra, madre con una capacidad de amar impresionante, esposa a la antigua, abnegada y cumplida, en fin, todo lo que Tachita hace y emprende, lo hará siempre muy bien.

Ahora está iniciando una nueva etapa en su vida al perder a su compañero, el “viejo bigotes de perro”, no va a ser fácil adaptarse a esta nueva condición, pero puedo asegurar que con tantas actividades que tiene, éstas le van a absorber su tiempo y nunca perderá esa alegre sonrisa de su rostro, “serio y circunspecto”.

Gracias amable lector por compartir conmigo estos brochazos que pretendieron bosquejar la personalidad de una gran mujer; si la conoce, seguro estará de acuerdo conmigo, si no, ahora la conoce. Le deseo un espléndido domingo en familia.