El Mañana

lunes, 21 de octubre de 2019

Oscar Leal
Aventuras del Mantarraya Oscar Leal

Profundo y templado

29 agosto, 2019

Aprovechando la fresca de la mañana para visitar el rancho de don Fide, después de bajar unas pacas de forraje de comida, ideal para alimentar a su ganado caprino, apenas se asoma el sol nos dirigimos directo a la presa del rancho, disminuida a más del 50 por ciento de su capacidad y con toda la orilla repleta de lama verde, efecto causado por los bajos niveles de oxigeno y alta evaporación; empezamos a dirigir nuestros lances al centro del vaso, el cual cuenta con un promedio de 12 pies de hondo.
La falta de insectos por la sequia es notoria como comida base de los peces y en el quinto lance los señuelos de superficie llaman rápidamente la atención de los peces jóvenes, desfilando los primeros enganches, mostrando robalos pequeños y flacuchos
Dando peleas insípidas, escasas de adrenalina, cambiamos de señuelos y apostamos a la pesca lenta con señuelos plásticos, colocando un plomo de un cuarto de onza, apuntamos a la parte honda de la presa, con lances largo, aplicando ligeros giros al carrete dándole espacio a que el hilo sea embobinado lentamente, esta pausa permite al señuelo hundirse hasta lo más profundo; una vez que se coloca el señuelo al ras del piso, esto le permite abarcar más espacio y el señuelo se mantiene por más tiempo en zona de enganche.
Por lo general en esta estación del año, donde las temperaturas rondan los 40 grados centígrados, los peces maduros y de mayor tamaño han logrado acumular la experiencia necesaria para buscar las partes más profundas donde las aguas reciben menor cantidad de rayos solares, por lo tanto predominan aguas mas templadas donde permanece durante todo el día evitando la exposición solar, este efecto los obliga a mimetizarse con el entorno, para poder pasar desapercibidos ante sus presas, logrando un tono verde muy oscuro sobre su lomo el cual se asimila al negro, con esta estrategia sólo le resta mantenerse estático a ras de suelo para gastar la menor cantidad de energía, desplazándose sólo algunos metros para acechar en busca de su próxima comida.
La escases de alimento lo obliga a no gastar más energía de la necesaria para comer, pero la competencia con los demás peces también lo empuja a realizar ataques compulsivos, una vez que pasa frente a sus ojos algo que parece comida. Después de media hora de paciencia y lances “PPPOMMM” la desesperación de un gran pez por alimentarse se hace presente, un ataque poderoso hace correr la línea un par de metros.
Imposible guardar silencio después de realizar el strike a la caña y sentir el peso del pez, con la adrenalina desbordada, la garganta libera un grito de júbilo, después de unos segundos trabajando los embates del pez y jalarlo de las profundidades verlo brincar sobre el agua en postura de fortaleza y buen peso; la gran estela de agua al chapotear me obliga a soltar otro buen grito “aaajuuuaaa”, y a escasos segundos de tomar su hocico con mi mano en plena orilla, un segundo antes el pez logra realizar un salto más, me agarra desprevenido y con la línea suelta y logra sacarse el anzuelo de la boca, el momento más amargo. Sin quitarle la vista de encima, la impotencia de ver como se desliza entre la lama y se pierde en el agua profunda, me deja con un sabor agridulce, después de esa experiencia sólo logramos una tercia más de enganches minúsculos y el gran pez se perdió en lo profundo.
Cuéntame tu historia
tu ya conoces la mía.
viajesdepesca@hotmail.com