El Mañana de Nuevo Laredo

Luis Pérez-Benítez

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Luis Pérez-Benítez

21 julio, 2020

Puente de Comercio Windsor–Detroit



Manuel “Matty” Moroun murió a los 93 años. Este nombre podría no significar mucho para nosotros puesto que vivimos muy lejos de las ciudades de Detroit, EE.UU. y Windsor, Canadá, pero es precisamente en esa frontera, donde Matty es conocido principalmente como el multimillonario que poseía el Puente de Comercio Ambassador, por el que cruza aproximadamente el 27 por ciento de todo el comercio entre Canadá y los EE.UU. Y es que no sólo es el cruce internacional más concurrido de América del Norte, sino que también es el único que es de propiedad privada, tal como lo fue en su inicio nuestro Puente del Comercio Mundial. En los años 20, Detroit era el lugar ideal para vivir. Los empleos eran abundantes y el acceso al alcohol barato -entonces ilegal- estaba a tiro de piedra en Ontario, creándose un punto importante para las artes, la vida nocturna y el crimen organizado en la ciudad conocida como “Ciudad del Motor”.
Si bien había formas honestas de ganarse la vida en Detroit, antes de 1927, la única manera de hacer negocios con Windsor y viceversa, durante todo el año se llevaba a cabo en barco (aunque los contrabandistas famosos conducirían a través del congelado y sólido río Detroit en el invierno con el fin de recoger la mercancía ilegal). Hoy en día, los contrabandistas usan submarinos para el efecto.
Pero la autorización para la construcción del puente fue larga y dolorosa, particularmente porque los cargueros de los Grandes Lagos se dirigían constantemente hacia arriba y abajo del río para acceder a los puntos a lo largo de los mismos, mientras que los barcos más pequeños transportaban mercancías y gente a través del río, lo que producía frecuentes y monumentales atascos de tráfico. Los transbordadores más pequeños también eran ineficaces para transportar grandes cargas, lo que significaba que un solo vagón de tren podría requerir múltiples viajes para descargarse en el país vecino, lo que también llevó a grandes cuellos de botella ferroviarios. Varias empresas privadas y organismos gubernamentales trataron de llegar a un plan y acuerdo para construir un puente de lado a lado del río, pero el costo y las protestas de los capitanes de barcos deseosos de mantener sus lucrativos negocios, provocaron que los planes se fueran al suelo.
A mediados de la década de 1920, el empresario neoyorquino John W. Austin se acercó al financiero de Detroit, Joseph Bower, para revivir los intentos fallidos de construir un puente y pensaron en la financiación necesaria de $23.5 millones de dólares; sin embargo, el plan fue frustrado temporalmente por el alcalde de Detroit, John Smith. Fue hasta el 28 de junio de 1927, que los “Detroiters” votaron abrumadoramente a favor de la construcción del puente mediante un histórico referéndum. La compañía McClintic-Marshall de Pittsburgh, Pensilvania -que más tarde construiría el puente Golden Gate- fue elegida para el proyecto. La construcción comenzó en mayo de 1927 y se completó en 1929, meses antes de lo previsto. Compuesto por un estilo Art Déco y Gótico, la longitud total del puente es de 7,490 pies. La estructura está construida principalmente con 21 mil toneladas de acero y tiene una carretera que se eleva hasta 152 pies por encima del río Detroit. En el momento de su construcción, el Puente Ambassador era el puente colgante más grande del mundo, sólo para ser superado dos años más tarde por el puente George Washington, que abarca el río Hudson. Muy parecidas historias las de nuestro Puente del Comercio Mundial y el Puente Ambassador, ya que nuestro puente originalmente perteneció a la iniciativa privada. La gran diferencia es que nuestro puente fue expropiado tiempo atrás por el gobierno. Hasta pronto. Fuente: Erin Marquis “Jalopnik” consultable en https://jalopnik.com/how-one-man-turned-the-busiest-international-border-cro-1844367015

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