El Mañana

jueves, 18 de abril de 2019

Jorge Santana
Desde el otro lado Jorge Santana

Pues dicen, pero quién sabe si será cierto…

30 marzo, 2019

Hay grandes dudas dentro de mí, son lo que me mantienen vivo. Yo prefiero la duda a la certeza, la adrenalina de la incertidumbre a una agenda bien planeada. Nunca sé que será de mí, todos los días al despertar, simplemente no lo sé, y eso, me llena de energía. Me gusta confiar en los abismos, en las puertas que aún no se abren, la calles que aún no se transitan, invitarles un café a las personas misteriosas, abrir libros que no dicen nada en su portada, regalarle una flor a un enemigo. No es que sea aventurero, no, eso no lo soy, tal vez sólo me gusta el peligro, decía un poeta “el peligro de querer seguir viviendo”. Sin querer me voy llenando de historias, cosas que algún día querré contar, otras que no, cosas que son para mí solamente, cosas que debo dejar ir. Estoy acumulando sabiduría, esa edad en los ojos, y debo aceptar que no me gusta. Extraño la torpeza sensata de la adolescencia, esos errores perdonables de la juventud. Pareciera que hoy sé muchas cosas, que podría dar consejos, y eso me choca. Yo no quiero ser un árbol de esos que da buena sombra, quiero ser una rama tilica falta de vitaminas, agua, luz y amor. Por eso debe gustarme tanto el peligro de vivir, porque el peligro es la espada de oro de la juventud. Por eso debe agradarme la duda, preferirla sobre la certeza, porque la duda es juventud, es la antesala de ser un viejo sabelotodo y pedante. Dudo del origen del universo, de las teorías cuánticas, de Dios a veces, de mi mismo, dudo de las amistades, de la lealtad de mi perro, de lo útil de mis clases de francés, de mis habilidades para la jardinería, dudo del amor, de la soledad, dudo de los políticos, de los artistas conceptuales y de las comidas bajas en grasa. En fin, soy una bola de dudas, pero allá de vez en cuando sonrío, y esa sonrisa, es la certeza más hermosa que puedo regalarme, ese reírme a solas de mis incertidumbres. Si algo te envidio querido lector, es que tú sí sabes. Tú sabes del universo, y de Dios y te levantas todos los días sabiendo a qué horas dormirás. Tú sabes cuánto tiempo darle a la tortilla de harina en el comal para que se infle, cuánto amor debes dar, qué te hace feliz. Pero yo, soy sólo un desgraciado que se olvida que es un desgraciado y bailo y canto y me tomo una copita de vino barato, y me lleno de dudas, y me agobio, y por las noches dejo que salgan todos los espantos a contarme sus historias. Pero el otro día, por circunstancias que ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo. Movía un piano, de Laredo a Nuevo Laredo, y entre el alma que se me iba por pensar se voltearía la frágil camioneta que lo transportaba, fui feliz, aunque sea un ratito, porque luego se acostumbra uno y no no, ni cómo volver atrás. Ni modo querido lector, no nos queda de otra, chin chin el que dude. jorgesantana1@gmail.com

Desde el otro lado Jorge Santana

Quisiera