El Mañana

sábado, 24 de agosto de 2019

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Pues que todavía no

9 julio, 2019

Pues resulta que siempre no regresaron los africanos que se esperaban tentativamente entre ayer y hoy, pero eso no quiere decir que los albergues estén rebosando de espacio, pues de todas maneras cualquiera de los refugios está excedido de su capacidad.

Hace un año los titulares de los albergues estaban preocupados porque estaban llegando -cada uno- a su límite de 100 personas, que representaba su máximo de capacidad, pero no sabíamos que vendrían momentos con hasta 400 personas por refugio, con familias enteras durmiendo en tiendas de campaña improvisadas y otras en las banquetas de los alrededores.

Aunque no lo parezca, este era el menor de los problemas, pues lo que más dolía a los migrantes era el hambre, pues las donaciones no sólo eran insuficientes, sino que eran mucho menores a los tiempos en que no había saturación.

Es innegable que existe una contingencia en el tema migratoria, aunque ya no se vive en las proporciones que alcanzó hace unos meses en los que incluso hubo altercados en uno de los albergues y otra clase de incidentes.

Para la historia de la ciudad quedarán las anécdotas de cuando los africanos se integraron -al menos brevemente- a la ciudad, pues era imposible que pasaran desapercibidos cuando se observaban en tantos cruceros de la ciudad buscando ganarse unos pesos para completar sus alimentos y de sus familias, principalmente.

Hay que decirlo, tal vez fue por cuestión de perfiles y diferencias culturales, pero los africanos y los cubanos -en general- no se llevaron tan bien, aunque claro siempre hay sus excepciones en que migrantes de estos orígenes tan distintos hasta se hicieron amigos.

A quienes vimos en muchas ocasiones convivir sin esas diferencias, fue a los niños, quienes curiosamente podían no entenderse con palabras, pero definitivamente se entendían a través de los juegos, podemos recordar una ocasión en que se retrató a un niño africano jugando con otro pequeñito de Nicaragua, ambos tenían 3 años y su armonía al jugar a los carritos en un montón de tierra era ejemplar, sus sonrisas mostraban que la estaban pasando excelente.

Esperar el camión estos días es prácticamente inhumano, para empezar no existen paradas adecuadas y en la mayoría de los casos no hay ni una sombrita para refugiarse una hora o más en lo que llega la unidad.

Aquí se conjugan dos problemas, uno de ellos es la larga espera, pues la frecuencia de paso está por los suelos, el segundo es el intenso calor que se vive en Nuevo Laredo y que está a punto de agudizarse con la llegada de la temida canícula que siempre amenaza con tostar la piel, deshidratar a los que están a la intemperie y poner de mal humor a quienes andan conduciendo sin aire acondicionado, que dicho por muchos “no es un lujo, sino una necesidad” que estamos dispuestos a pagar a pesar de que el bolsillo sufre con los altos consumos.