El Mañana

domingo, 21 de abril de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Puro teatro

29 marzo, 2019

Eran ya las 11 de la noche y Pepito no quería irse a dormir. “Vete a la cama -le ordenó su papá- porque no tarda en venir Juan Pestañas”. “¡Éjele! -se burló el chiquillo-. ¡Ése viene nomás cuando tú andas de viaje!”… Susiflor, joven soltera, les anunció a sus padres que estaba un poquitito embarazada. “¡Dulces nombres!”, exclamó consternada la señora. “¡Uta!”, profirió enojado el señor. Seguidamente le pidieron una explicación al respecto. Narró Susiflor: “Iba yo por el jardín y oí a mis pies una voz que se escuchaba apenas. Quien me llamaba era una ranita. La llevé conmigo a mi cama y le di un beso. Entonces la ranita se convirtió en un hermoso príncipe”. El papá la interrumpió airado: “¿Esperas que te crea semejante cuento?”. Replicó Susiflor: “Yo lo creí cuando tú me lo contaste”… Un oficial de la Policía llamó a la puerta de doña Jodoncia. Le informó: “Su marido está en el hospital”. “Me lo esperaba -contestó ella-. Siempre le he dicho: ‘No fumes, Martiriano; no fumes’”. Le indicó el oficial: “No está ahí por fumar. Lo atropelló un ciclista”. Contestó doña Jodoncia: “Seguramente iba a comprar cigarros”… Han de saber mis cuatro lectores que en mi primera juventud fui actor. Innumerables veces subí al palco escénico (así se decía en aquellos años), y supe entonces lo que es dejar de ser tú mismo para convertirte en otro. Me apasionaba el teatro; si hubiera tenido menos miedos ahora andaría por esos pueblos de Dios representando en una carpa el “Tenorio”, “El Mártir del Calvario”, o aquellas obras de altitonantes nombres como “Mancha que limpia”, “Al fin Mujer” o “La jaula de la Leona”. La vocación teatral me viene de mi madre, que fue directora de escena. Compartieron esa vocación mis hermanos, y la tienen ahora mis hijos y mis nietos. Por eso Manolo Jiménez Salinas, el joven alcalde de mi ciudad, Saltillo, nos entregó la otra noche el premio “Dinastía” en bella ceremonia organizada por Iván Márquez, director del Instituto Municipal de Cultura, y por el maestro Medardo Treviño, vicepresidente del Centro Mexicano de Teatro del ITI Unesco. Tuvimos el honor de recibir esa presea junto con valiosísimos artistas de la música y la danza. Quien se llevó el mayor aplauso de la noche fue doña Lupina Soto, actriz de 101 años de edad, quien al agradecer la medalla que se le impuso por su trayectoria ejemplar dijo con voz clara y sonora: “Y voy a seguir haciendo teatro aunque sea en silla de ruedas”. Saltillo ha sido siempre un gran centro de cultura. Alguna vez se le llamó “La Atenas de México”. Celebro que sus autoridades sigan alentando esa llama que tanto prestigio da a nuestra ciudad… Doña Fecundina le comentó a la trabajadora social que fue a entrevistarla en su casa: “Tengo nueve hijos y otro que viene en camino y no tarda en llegar”. La entrevistadora se extrañó: “No se le nota”. Precisó doña Fecundina: “Lo mandé a comprar el pan”… La rica viuda le dijo al pretendiente que la cortejaba: “Espero que no me busque usted por mi dinero”. “Claro que no -aseguró el galán-. Pero ya que tocó usted el tema me gustaría saber cuánto tiene”… Dos chicas veían los avisos de ocasión del periódico, pues necesitaban un empleo. Dijo la que leía la página: “Tenemos dos opciones. Un anuncio dice: ‘Solicito mujeres sencillas para trabajo fácil’. Dice el otro: ‘Solicito mujeres fáciles para trabajo sencillo’”… Con tono grave le dijo un tipo a otro: “Debo comunicarte algo. Un amigo mío me pidió 100 mil pesos prestados porque va a escapar de la ciudad con una mujer casada. Le pregunté quién es la mujer, y resultó que es tu esposa”. Pidió el otro con acento suplicante: “¡Préstale el dinero! ¡Si él no te lo paga te lo pagaré yo!”… FIN.