El Mañana

sábado, 16 de febrero de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

¡Qué bien cantas!

12 febrero, 2019

“Mi esposa sale todas las noches a la calle pintada como coche; vistiendo blusa con el escote hasta el ombligo, falda apretada, boa de plumas, medias de malla, bolso de chaquira y zapatos de tacón aguja. Se ofrece a los hombres por dinero y…”. Todo eso dijo aquel hombre en el teléfono. “Perdone usted”, respondió el que contestó. “Su problema debe tratarlo con un abogado o un psiquiatra. Yo soy agente de bolsa”. “Precisamente”, replicó el otro. “Quiero que me diga cómo invertir el dinero que está ganando mi señora”… El director de Meteorología llamó al encargado de los pronósticos del tiempo. Le preguntó: “¿Qué le está sucediendo últimamente, Güero Chano? Antes no fallaba en sus predicciones. Sabía cuándo iba a cambiar el clima; cuándo iba a llover; cuándo iba a estar húmedo el tiempo. Ahora, en cambio, se equivoca siempre. ¿Qué le pasa?”. “Señor”, explicó muy apenado el otro. “Es que mi esposa me dio no sé qué, y se me quitaron las reumas”… Doña Panoplia de Altopedo iba a ofrecer esa noche una cena de gala, para cuyo efecto contrató a un mesero. Le dijo: “He observado que los de su clase van al baño y luego toman con los dedos los terroncillos de azúcar del café. Use usted estas pincitas”. Terminada la cena, cuando los invitados pasaron a la biblioteca para tomar el café, doña Panoplia llamó aparte al mesero y le preguntó: “¿Está usted usando las pincitas?”. “Por supuesto, madame”, respondió el hombre. “Y eso que batallo mucho para sacudírmela con ellas”… Don Cucurulo, senescente caballero, cortejaba con elegante discreción a Himena Camafría, madura señorita soltera. Un día le dijo: “He observado, amiga mía, que no le gusta a usted hablar de sus años juveniles. ¿Le pasó algo en su juventud?”. “No me pasó absolutamente nada”, respondió, hosca, la señorita Himenia. “Por eso no me gusta hablar de ella”… La esposa de don Carmelino pasó a mejor vida. En el funeral el viudo lloraba desconsoladamente, tanto que sus gemidos conmovieron profundamente al padre Arsilio. El buen sacerdote se acercó al doliente y le dijo: “No llores, hijo mío. Quizá no sea éste el mejor momento para decírtelo, pero has de saber que en mi parroquia hay numerosas mujeres, viudas o solteras, que podrían ser una buena esposa para ti. Pasado algún tiempo te presentaré algunas”. Don Carmelino se limpió las lágrimas y le preguntó: “¿Y no tiene algo para hoy en la noche?”… En el Motel Kamagua hay este anuncio: “¡Sea usted original! ¡Traiga a su esposa!”… La mujer del jefe indio le dijo: “Sí ya sé que te llamas Toro Sentado. Pero también hay otras posiciones”… Facilda Lasestas causó el asombro sus antiguas compañeras de colegio cuando en la reunión anual encendió un puro. Le preguntó una, intrigada: “¿Desde cuándo fumas eso?”. Contestó doña Facilida: “Desde que mi marido llegó a la casa cuando no lo esperaba y vio un puro humeando en el cenicero de mi buró”… En la fiesta le pidieron a una chica que cantara “Despacito”. Lo hizo, aunque de prisa. Al término de la interpretación la felicitó Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne: “¡Qué bien cantas!”. Respondió ella: “Y eso que tengo laringitis”. Pitongo la invitó a bailar. Acabada la pieza volvió a encomiarla: “¡Qué bien bailas!”. Repuso la muchacha: “Y eso que tengo pies planos”. Seguidamente la invitó a su departamento. Una vez efectuado el consabido trance Afrodisio repitió el elogio: “¡Qué bien follas!”. Declaró la chica: “Y eso que tengo herpes”… FIN.