El Mañana

sábado, 14 de diciembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

¡Qué bien tocamos, maestro!

9 junio, 2019

Don Gerolano se esforzó bastante, pero no pudo ponerse en aptitud de hacer honor a los encantos de la joven y linda Loretela. No por eso perdió la presencia de ánimo. Cuando la muchacha le dijo: “Esto está blando” el provecto señor respondió tranquilamente: “¿Ah sí? Y ¿qué dice?”… El novio de Eglogia, la hija de don Poseidón, habló con él: “Vengo a pedirle la mano de su hija”. El rudo labrador se volvió hacia su mujer: “Te dije que es un indejo. Mira con lo que se conforma”… El niñito le preguntó a su padre: “¿Tienes muy buen estómago?”. El señor se extrañó: “¿Por qué me preguntas eso?”. Explicó el pequeño: “Oí que mi mamá le dijo al vecino que tú te tragas todo”… Entre las muchas locuras que he emprendido -bellas locuras todas- estuvo alguna vez la de de presentar conciertos de música clásica en Saltillo, mi ciudad. Con esa música salí bailando siempre. Eso quiere decir que invariablemente acabé poniendo dinero de mi exigua bolsa, pues nunca los resultados económicos correspondieron a mis idealismos. En cierta ocasión invité a un organista de fama nacional. Era muy joven y algo petulante. Tocó en el órgano de una iglesia. El sacristán del templo, un buen hombre llamado don Juanito, fue el encargado de accionar el fuelle que surtía de aire al instrumento. Terminó la primera parte del recital y el público premió al artista con un gran aplauso que él agradeció desde lo alto del coro. Don Juanito, orgulloso, le dijo al organista: “¡Qué bien tocamos, maestro!”. Replicó el organista, burlón y desdeñoso: “¿Tocamos?”. El humilde sacristán quedó apenado. Llegó el momento de iniciar la segunda parte del concierto. El músico ocupó su banco y volvió la vista hacia don Juanito para que accionara el fuelle sin cuyo aire no sonaba el órgano. El sacristán, sentado en una silla y cruzado de brazos, fijó en él la vista, pero no se movió. El organista entendió y dijo, ahora apenado él: “Tiene usted razón, don Juanito. Por favor, vamos a tocar”. Con una sonrisa de satisfacción el buen señor volvió a accionar el fuelle. El anterior relato me sirve para señalar que muchas veces el débil tiene medios de defensa frente al poderoso. Esos medios, empero, han de ser reales, eficaces y tendientes a dar respuesta concreta y pertinente a los agravios inferidos por el soberbio. México no es un país de pacotilla. Si bien su poder no se compara con el de su vecino norteamericano, tampoco nuestra nación es una republiquita bananera de la que se puede abusar impunemente de palabra y obra… “Vamos a hablar hoy de esa partecita que tienen las mujeres y que las mete en tantos problemas”. Así dijo en su clase el profesor de Anatomía. Las alumnas se inquietaron; los alumnos aumentaron su atención. Y precisó el maestro: “Me refiero, claro, a la lengua”… Don Gerontino, señor de 80 años, le comentó a su mujer, doña Pasita: “Creo que Diosito se equivocó en algo”. Ella se sorprendió. “¿Por qué dices semejante cosa?”. Manifestó don Gerontino: “Nos hace tener bebés cuando somos jóvenes. Deberíamos tenerlos a nuestra edad, cuando de cualquier modo tenemos que levantarnos tres o cuatro veces durante la noche”… En el zoológico el guía les habló a las señoras acerca del avestruz. Les informó: “No ve casi nada, y se traga todo”. “¡Mira! -exclamó divertida una de ellas-. ¡Exactamente igual que mi marido!”… Una atractiva mujer de bien formado cuerpo subió al atestado autobús. No encontró un asiento libre, de modo que se dirigió a un señor que iba sentado. “Perdone, caballero -le pidió-. ¿Sería usted tan amable de cederme su asiento? Estoy embarazada”. “¡Discúlpeme, señora! -exclamó apenado el señor al tiempo que se ponía en pie-. Es que no se le nota, y eso que soy médico. Permítame hacerle una pregunta: ¿cuánto tiempo tiene usted de embarazo?”. Respondió la mujer al tiempo que ocupaba el asiento: “Posiblemente una media hora, y vengo muy cansada”…FIN.