El Mañana

miércoles, 17 de julio de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

¿Quién tiene la razón?

13 julio, 2019

Nos toca vivir tiempos de una gran polarización, las opiniones están divididas casi a la mitad, la mitad de la población piensa que tiene razón y la otra mitad también y sus argumentos son absolutamente opuestos, esto sucede tanto aquí, como allá, lo mismo con Trump que con López Obrador, en Europa y el resto del mundo sucede lo mismo, y todo mundo cree que tiene la razón. Lo peor de todo es que ¡todos tienen la razón! Lo mismo frente al problema de la migración, los africanos llegando a Europa o los centroamericanos queriendo cruzar México para irse a Estados Unidos. El fenómeno social divide opiniones. El fenómeno es el mismo, visto desde diversas perspectivas.

Trato de explicarme: en el conocido problema en que dos personas están parados frente a un número, en el que uno lo ve como seis, mientras que el otro lo ve como nueve, ambos están en lo cierto, ambos defienden su punto de vista y argumentan a favor de su posición y ambos tiene razón; sin embargo, están frente a un mismo fenómeno, observan la misma realidad, los dos son objetivos en su argumentación y los dos tienen razón. Si se cambiaran de posición y vieran ahora, el punto de vista de su opositor, ambos dirían al unísono, “tenía usted razón”. Eso es lo que nos está sucediendo.

Cada persona somos el fruto y producto de nuestra propia Historia, estamos históricamente determinados, no podemos escapar a ella. Trataré de explicarme: si un individuo nace en el seno de una familia “bien” (nunca me he explicado cómo es una familia “mal”, pero bueno aceptaremos el término bien), estudiará en colegios privados de preferencia católico, luego se ira a hacer la secundaria a otra institución privada de preferencia la de mayor prestigio académico, para al terminar la preparatoria irse al Tec. de Monterrey o la UDEM, eso si no se fue a continuar su carrera al otro lado.

En toda esa trayectoria de su vida habrá aprendido muchas cosas en la escuela y en el medio que lo rodea, como actitudes, comportamientos, tradiciones, valores, hábitos, principios, formas de hablar y determinado vocabulario, gustos, música, películas, etc. Sus amigos serán muy similares a él en todo, tienen la misma formación social, académica y familiar, comparten no sólo su tiempo sino sus gustos, juntos forman lo que se llama “la sociedad”, término que no es correcto puesto que la sociedad la formamos todos, pero aceptémosla.

Otro individuo, nace en el seno de numerosa familia, no “bien” sino más bien proletaria, asistirá a escuelas públicas, sin mochila pero con un morral, sin dinero pero con tacos que le puso su mamá, su ropa y zapatos muy precarios, sin marca conocida y cara, igual, si puede, hará la secundaria y preparatoria en algún Cobat, CBTIS o Prepa Municipal, todo con esfuerzo y sacrificio, si lo logra, terminará una carrera en el Tecnológico local, la UAT, o la UT. Al igual que en el otro caso, durante este tiempo de su vida, habrá aprendido muchas cosas tanto en la escuela como en el medio que lo rodea, pero sus gustos, preferencias, costumbres, vocabulario, principios, valores, hábitos y todo en general, van a diferir diametralmente del otro caso, su historia es otra muy diferente.

Aquí vale la pena hacer una acotación: si observamos la cantidad de primarias que hay en la ciudad y las comparamos con las secundarias, hablo de las públicas, y después con las preparatorias y finalmente analizamos la cantidad de egresados de las escuelas superiores, nos daremos cuenta de los cientos de niños que se quedan en el camino sin concluir sus estudios. Esa es una triste realidad, de ellos se alimentaban los miles de “ninis” que ni estudiaban porque no podían, ni trabajaban porque no tenían preparación. La escuela es gratis, pero la vida no.

Por eso decía José Ortega y Gasset, el filósofo español de mediados de siglo pasado: “Yo soy yo y mis circunstancias”, lo que significa que si las circunstancias cambian, la persona cambiará también y en esto hay casos sorprendentes de resiliencia. Esta formación en la vida hace las diferencias, que además son muy profundas, las estadísticas nos demuestran que quien nace pobre, muy probablemente morirá pobre y su familia también tendrá el mismo sino. Claro hay garbanzos de a libra y ¡viva ese garbanzo! Pero es uno entre miles. Todos estamos históricamente determinados, no podemos escapar a nuestra realidad, “infancia es destino”.

Por esta razón hay quienes adoran a Donald Trump y no entienden cómo haya quienes no lo quieran, igual pasa en México con López Obrador, muchos no entienden cómo hay quienes lo quieran y aprueben sus políticas. Pero por ninguna razón estas diferencias de puntos de vista históricamente determinados, deberán separar familias y amistades, unos están frente al seis y otros frente al nueve, ambos ven la misma realidad desde diversas ópticas, pero ambos tienen razón. Dejemos que sea el tiempo, ese viejo sabio, que ponga las cosas en su lugar y le dé la razón a quien la tenga, mientras tanto a querernos y respetarnos.

Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un espléndido fin de semana en familia, disfrútela, porque hasta en ella hay “seis y nueve”.

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

De migrantes