El Mañana

lunes, 24 de junio de 2019

Oscar Leal
Opinión Oscar Leal

Rancho San Leonardo

31 enero, 2019

Estamos a tres semanas de caducar, en lo que respecta a la temporada de cacería del venado cola blanca, lo cual nos coloca en una posición de niveles estresantes, después de pasar una respetable cantidad de horas en el parapeto, en la suma de avistamientos ya pinta con un par de candidatos de canastas amplias portando un mínimo de 10 velas, como los protagonistas principales para jalar el gatillo y coronar con broche de oro esta temporada 2019.
Por increíble que parezca la rutina de la fauna es tan repetitiva que la vuelve predecible, para todo aquel cazador de hueso colorado, que muestre pasión y paciencia para dedicarle un amanecer completo dentro de un parapeto en forma silenciosa, lo que te permite disfrutar con los primeros rayos del sol; oír cómo se rompe el silencio al despertar de las aves, una vez que su euforia es apagada por su necesidad de buscar alimento, la calma vuelve a reinar en el entorno, paso seguido el típico viento matinal provocado por el calentamiento de los rayos solares, dispersa una ligera capa de neblina, que incita a los jabalíes a guiarse en sus recorridos matinales, siempre en busca de comida, frutos, raíces y hasta carroña, también su poderoso olfato les ayuda a detectar olores hostiles que provengan de sus principales depredadores; su típico andar frenético los caracteriza por alimentarse de forma rápida siempre con los ojos bien abiertos, sus orejas en busca de ruidos extraños, que al menor de los chasquidos de alerta se agrupan para proteger a las crías y correr en dirección del follaje donde en pocos segundos desaparecen.
Aplicando la misma cautela pero con una suma de alta desconfianza el conejo, el coyote y el venado, abandonan sus guaridas de reposo activados por su necesidad básica de alimentarse y beber agua, en esta ocasión nos encontramos en un parapeto con vista al casco de una presa, esto nos ha favorecido para llevar una bitácora matinal, donde resaltan las horas predilectas que la fauna aplica para obtener el vital líquido día con día.
La rutina matinal de un par de venados ALFAS nos ha permitido observar su arribo a la presa con un promedio de dos horas, después de los primeros rayos solares, su presencia es anunciada por su harem de seis y ocho hembras, respectivamente, las cuales beben primero y momentos después se repliegan para darle paso al macho alfa, cada uno arriba por senderos diferentes y a pesar de la gran distancia entre ambos, cada uno siente el olor del otro, antes de retirarse con destinos totalmente opuestos.
Como rutina obligada, cada uno de ellos rasga con su rostro y cornamentas en las ramas de los arboles más cercanos al bebedero, su alto nivel de hormonas les ayuda a la secreción de una especie de cebo, con un olor que los identifica y esto ayuda a delimitar el perímetro donde él domina, incitando a los machos más jóvenes a alejarse.
Definitivo, el Rancho San Leonardo, cuna de grandes trofeos, nos ayuda a comprender y valorar a la fauna en general, agradecemos la confianza y amistad de su propietario Ramón, quien nos ha permitido observar la fauna a través de un parapeto…
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