El Mañana

sábado, 07 de diciembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Reloj adelantado

6 junio, 2019

Doña Frigidia le informa a su marido: “Fui a la consulta con el médico, y el doctor me dijo que no puedo hacer el amor”. Pregunta muy intrigado el hombre: “¿Cómo sabría?”… Empédocles Etílez, conocido en una vasta zona del país por sus asiduas libaciones, llegó a su casa, como de costumbre, en horas indispuestas. Le reclama su mujer hecha una furia: “¡Son las 4 de la mañana!”. Farfulla Empédocles, cae que no cae: “Y ¿cuál es la temperatura?”… Decía Pirulina: “Amo las cosas más simples de la vida. Los hombres, por ejemplo”… Juanilito, el pequeño amigo de Pepito, le pregunta con inquietud a su mamá. “Mami: ¿los niños podemos tener bebés?”. “No, hijito -responde con ternura la señora-. Los niños no pueden tener bebés”. Desde lejos le grita Pepito: “¿Lo ves, tonto? ¡Te dije que no tienes nada de qué preocuparte!”… Le comenta Babalucas a su amigo: “Los binoculares que me regalaste en mi cumpleaños no sirven para nada. Tienen muy poco alcance”. “¿Poco alcance? -replica el amigo-. Yo vivo a 20 cuadras de tu casa, y sin embargo un día antes de tu cumpleaños pude ver a través de la ventana de tu recámara cómo le hacías el amor a tu mujer”. “¡Te digo que no sirven para nada! -concluye triunfalmente Babalucas-. ¡Ese día ni siquiera estuve en mi casa!”… La linda chica que estaba en la barra de la elegante cantina observó que el tipo que se hallaba a su lado veía con insistencia su reloj. Le pregunta: “¿Se retrasó tu cita?”. “No -responde el tipo-. Inventé este reloj con rayos equis, y lo estoy probando”. “¿Rayos equis? -se extraña la muchacha-. Y ¿qué puedes ver con él?”. “Muchas cosas -declara el individuo-. Por ejemplo, en tu caso puedo ver que no traes brasiér ni panties”. “Tu reloj está mal -se ríe ella-. Traigo las dos cosas”. “Caramba -se preocupa el tipo-. Debe estar adelantado una hora”… El esposo y la esposa sorprendieron en el interior de su casa a un ladrón enmascarado. Al tratar de escapar se le cayó al sujeto la máscara que le cubría el rostro. “Ya me vieron la cara -dice el hampón, hosco, sacando una pistola-. Tendré que asesinarlos”. “¡Piedad, señor! -gime ella-. ¡Tenemos tres hijitos!”. Pregunta el delincuente: “¿Cómo se llama usted?”. Contesta ella entre lágrimas: “Me llamo Gwendolyna”. “¡Gwendolyna! -exclama el ladrón emocionado-. ¡Mi madre también se llama Gwendolyna! ¡No puedo matar a alguien que se llama como mi mamá!”. En seguida se vuelve hacia el esposo y le anuncia, amenazante: “Pero a usted sí lo voy a matar. Antes de morir dígame su nombre, para saber a quién he despachado al otro mundo”. Responde el marido con tembloros voz: “Me llamo Recaredo, pero todos me dicen Gwendolyna”… Sigue ahora un cuento de color más que subido. No solamente es rojo: es púrpura, escarlata, grana, encarnado rútilo, bermellón encendido, carmesí. Las personas cuyo decoro les impida leer cuentos en cualquiera de los colores antes mencionados deben suspender en este mismo punto la lectura… Un oriental riquísimo se prendó de Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, y le propuso matrimonio. Ella le dijo: “El hombre con quien yo me case deberá comprarme algunas cosas de gran lujo: un automóvil convertible, un yate, un departamento en Nueva York, una villa en Florencia y los libros de Catón”. Contesta el oriental ansiosamente: “¡Complo, complo!”. Prosigue Nalgarina: “Además deberá regalarme un anillo de diamantes, un abrigo de visón, un collar de esmeraldas de Tiffany’s y una bolsa de pan de pulque de Saltillo”. Responde con vehemencia el oriental: “¡Legalo, legalo!”. Concluye la vedette: “Por último, el hombre con quien yo me case deberá tener 12 pulgadas de masculinidad”. Y dice el oriental sin vacilar: “¡Colto, colto!”… (No le entendí)… FIN.