El Mañana

martes, 23 de abril de 2019

Adolfo Mondragón
Personajes de mi Pueblo y del Otro Lado Adolfo Mondragón

Ricarda, la mamá de mis hermanos

24 marzo, 2019

Rica es realmente todo un personaje, ya van dos veces que le celebramos su cumpleaños 83 y sigue plantada, no le interesa tener más de esa edad, como que ya le gustó el numerito y bueno ahí la dejamos. La verdad es que Rica no tiene edad y si la tiene, hace mucho que la venció, tiene la edad que quiere, la que siente y la que quiere. Lo más importante es que nunca pierde el ánimo ni el gusto por vivir. Vive cada día, no como si fuera el último, sino como si fuera el primero de una existencia nueva, se renueva en cada mañana y surge joven y radiante.

Rica es un ejemplo de vida, es la última mujer de mi papá, su último amor y su compañera hasta que murió, muy joven por cierto y la dejó con once retoños que criar, la mitad ya medianos, pero la otra mitad muy chicos, no me explico cómo le hizo para sacarlos adelante. Para Rica, mi papá fue el hombre perfecto, el hombre de su vida, nunca le vio defecto ni se peleó con él por nada; si había qué bien, si no, ella se las ingeniaba para multiplicar el pan, gracia que conserva hasta la fecha, tiene ese don, ella sabe cómo, pero hace rendir todo y cómo no, si había que alimentar once bocas.

Durante muchos años el secreto estaba en hacer unas deliciosas tortillas de harina que tendrían fama en toda la familia. Nada más llegaba Rica a la casa de cualquiera de mis primos y lo único que le pedían eran tortillas de harina, las hacía deliciosas; hace años que renunció a ellas e hizo bien. Recuerdo una anécdota con mi papá: al salir para el trabajo, Rica le dijo a papá: -Adolfo, ya no hay nada de mandado-. A media mañana lo vio llegar y pensó: -Seguro ya me trae el mandado-, pero no, llegaba con sus trabajadores de la Junta de Mejoras y le dijo: -Rica a ver qué nos haces de desayunar; ese era papá y esa es Rica, pronto peló las últimas papas, sacó un par de huevos y echó un kilo de tortillas de harina, asunto resuelto.

Además, tengo que platicarles que tiene una sazón muy especial, si un par de huevos hace, le salen deliciosos y así lo que haga va a estar muy sabroso, no se diga los taquitos dorados de lo que sean, de pollo o carne o simplemente de queso. ¿Cuál es el secreto? Ella dice que todo se tiene que hacer con gusto, con amor y saldrá bien. Es muy común y frecuente que, aunque ya todos están casados, nos juntemos a comer en casa de Rica, su mayor gusto es ver la mesa llena y ella se las arregla para que alcance para todos, si es pollo, separa la pieza predilecta de cada quien, si son taquitos a mí me separa seis, porque ya sabe que me gustan mucho.

Rica tiene la filosofía de la gente de antes, no se complica la vida, sabe poner cada cosa en su lugar y darle a cada quien lo que le toca, para todos tiene. Sus comentarios son lacónicos y contundentes, no se anda con rodeos y deja caer sus juicios como pesadas lápidas y se queda tan campante como si nada porque no tiene malicia ni mucho menos maldad. Como dicen los jóvenes de hoy “Nomás lo que es”. Sin embargo, se preocupa mucho por mantener unida a la familia y pese a tener tantos hijos a todos los quiere por igual, por ella quisiera tenerlos siempre juntos en su casa, como cuando eran pequeños, nada le causa más gusto que verlos reunidos.

Rica es una mujer muy bella, de joven era todo un” forrazo”, por eso mi papá se enamoró perdidamente de ella, cuando paseaba con ella de su brazo, era el rey del mundo y no le envidiaba nada a nadie. Evidentemente la quiso mucho, Rica sigue siendo una señora bonita, no tiene ojos grandes, pero sí una mirada chispeante, la eterna sonrisa que ilumina su bello rostro, conserva su cabello abundante que sigue usando medianamente largo y le queda, y siempre la palabra amable para todos. Me gusta que cuando le hablo para invitarla a desayunar, me dice: -Dame 20 minutos- y cosa extraordinaria, en 20 minutos está lista y con sus ojos chispeantes y la sonrisa en la boca.

No tengo la cuenta de cuántos nietos tiene, pero todos le dicen “Ma, Rica” y Ma, Rica sigue siendo el centro en torno al que todos giran, de una o de otra manera, y ella con sabiduría, sabe conducirlos a cada uno; apaga los fuegos que puedan surgir entre ellos, los anima a seguir adelante, en su enorme corazón hay cabida para todos, hasta para mí que no soy su hijo.

Gracias amable lector por la gentileza de su atención y compartir conmigo a este maravilloso personaje al que tanto amó mi padre. Le deseo un espléndido domingo en familia.