El Mañana

miércoles, 21 de agosto de 2019

Jorge Santana
Desde el otro lado Jorge Santana

Saca la mano pilarico

2 febrero, 2019

Llegó febrero, el mes de la ficción y el pagar 2 mil pesos por un peluche gigante que terminará en alguna bolsa negra guardado en el algún closet que no abres jamás, peluche que después en alguna venta de garaje sacarás a vender sin ningún remordimiento en unos 100 pesos al primero que llegue. El Día de la Marmota es una celebración popular en Canadá y Estados Unidos. Miles en vivo esperan ansiosos el acontecimiento que se transmite por internet. Según la creencia,la marmota sale de su madriguera el 2 de febrero y al no ver su sombra por ser un día nublado, dejará la madriguera, lo cual significa el invierno terminará pronto. Si la marmota por ser un día soleado logra ver su sombra, vuelve entonces a la madriguera y eso indica que el invierno será largo, por lo menos unas seis semanas más. Ayer sábado 2 de febrero anunció el New York Times que la marmota no vio su sombra y volvió a su madriguera, lo cuál indica la primavera está a la vuelta de la esquina. Pero eso yo, sin marmota, ya lo sabía. En casa tengo un árbol de la especie cerciscanadensis, un tanto extraño. Cuando está a punto de llegar la primavera unas flores moradas pequeñitas inundan su esqueleto invernal, y las hojas que dan una sombra bellísima están prontas a salir. Eso pasó hace una semana, a finales de enero, un tanto a destiempo y haciéndole competencia a la famosa marmota que hasta al New York Times seduce. Las estaciones del año en este desierto siempre han sido temperamentales, quizá hoy en día aún más con eso del calentamiento global y el fin del mundo inevitable. Vivimos en tiempos a destiempo, a deshoras, inoportunos. El invierno ya se va, a según mi árbol y la marmota, ya pronto nos asaremos con el calor, vamos a arder queridos lectores, pero que sea sonriendo, seres del desierto somos y al menos que huyamos de aquí, eso nunca lo vamos a cambiar ni con todos los minisplits del universo. Hablando de tiempos a destiempo, había una tradición inglesa en la antigüedad, donde sólo se podía ir de visita de manera inesperada a otra casa, a cierta hora, entre 3-4:00 de la tarde. Los habitantes se ponían las mejores ropas, el copete bien inflado, preparaban te y pastelitos y se sentaban a esperar esas “visitas inesperadas”. Pues aquí no es Inglaterra, pero hoy que visité a mi amiga Gloria de manera inesperada y a deshoras, estaba muy guapetona como si me esperara. Tal vez esa sea una buena manera de enfrentar la vida, así a la inglesa de 1800, esperar con el mejor copete, con la mejor ropa, con un cafecito, esperar a ver quién llega, aunque nadie llegue, aunque sólo lleguemos nosotros mismos. Así me senté a esperar a la luna roja del 20 de enero pasado. Lo había olvidado por completo. Así que a última hora me puse el jorongo rojo ya que la noche estaba fría, saqué una silla al jardín frente a casa y me senté a esperar con una copa de no sé qué. Pasó mi vecina a su caminata diaria y me dice “hola ¿esperas a alguien?” le dije que sí, pero no le mentí, me esperaba a mi mismo, me senté, me relajé y de entre la rutina y el hartazgo, de entre el trabajo y los pendientes, aparecí yo, apareció quien realmente soy, en el jardín, entre grillos y la luna de sangre, ahí estaba yo y fui muy feliz. Ni modo lector ¿qué le vamos a hacer? jorgesantana1@gmail.com

Desde el otro lado Jorge Santana

Quisiera