El Mañana

martes, 25 de junio de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

San Valentín

16 febrero, 2019

Este jueves pasado celebramos en gran parte del mundo, al menos del mundo cristiano, el día de San Valentín, llamado también “El Día del Amor”, luego se le agregaría “del Amor y la Amistad” para ser más incluyentes y obviamente vender más. A mí me gusta más “El Día del Amor” porque no sólo es el amor de pareja, sino, y esto es lo más importante, es el día del amor de todo y a todos. El amor es una fiesta del espíritu, un festejo del alma, el amor es en sí una celebración y debería de ser cotidiana.

Pero bueno, sigamos la corriente y celebremos el Día del Amor y la Amistad. Todo nace en los albores del cristianismo, cuando todavía los primeros cristianos eran perseguidos por el Imperio Romano. Ellos, los romanos no permitían que sus soldados se casaran pues aseguraban que los jóvenes casados, no eran buenos soldados, pues combatían pensando en la amada y deseaban regresar a casa, esto les restaba valor y arrojo, los hacía pusilánimes y hasta cobardes en su afán de conservar la vida para volver a los brazos de su mujer. Ahí surge la figura de un fraile, San Valentín, que casaba a los soldados contra las órdenes del gobierno. Valentín fue citado ante las autoridades y le recriminaron su actitud; sería condenado a muerte a menos de que hiciera un milagro para convencerlos de la verdad de sus creencias y entonces se convertirían. El general tenía una bella hija muy enferma, y le pidió a Valentín que hiciera el milagro de curarla. Entonces, invocando a Jesucristo, Valentín realizó el milagro en su nombre y la hija del general se curó. Toda la familia se convirtió al cristianismo, pero San Valentín obró otro milagro; se enamoró perdidamente de la joven y por esto fue condenado a muerte; San Valentín murió de amor.

El verdadero milagro es el milagro del amor y San Valentín lo obró, nadie manda en sus sentimientos, los podremos reprimir si acaso, pero nunca evitaremos sentir y con el amor, ¡menos!, el corazón es terco y obstinado, se manda solo y no escucha razones. Celebremos a San Valentín por haberse enamorado, por haber preferido la muerte antes que renunciar a su amor, su amor es el verdadero milagro y lo celebramos. El amor no reconoce fronteras de ninguna índole, ni respeta reglas o leyes, el amor es libre, independiente y autosuficiente. Seguramente el cerebro lo envidia, él es todo frío y calculador, todo normas y reglas, todo orden y responsabilidad, nunca sabrá de hacer una locura.

Alguien, alguna vez pensó que sería mejor amar con el cerebro y pensar con el corazón; pensar con el corazón no estaría mal, seguro que haríamos muchas de las cosas mejor, pero amar con el cerebro no es amar, no es posible, cuando se calcula, se piensa, se pondera, se analizan pros y contras, se ponen en la balanza pérdidas y ganancias, entonces el amor se acaba, podrá surgir algo así como un contrato o convenio, pero nunca amor. ¡Ah el amor! Estar enamorado es el estado perfecto del ser humano, aunque su media naranja sea medio limón o media toronja, lo importante es encontrar otra mitad de lo que sea, ya nos las arreglaremos.

El amor es lo único que tenemos y siendo lo más valioso, no tiene precio, no se puede comprar, ni negociar, no hay tiendas donde se venda, ni nadie puede vender su amor, podrán vender sus cuerpos, convertirse en esclavos, en siervos, podrán vender su intelecto y hasta su dignidad, pero el amor no es mercancía ni objeto de cambio. Lo paradójico es que entre más amor demos, más amor tenemos, el amor no se agota dándolo, sino que crece en la misma medida, y lo increíble es que todo el amor que seamos capaces de tener cabe en un solo corazón, no me explico cómo se acomoda, pero ahí cabe. Además se pueden amar tantas cosas, y de tantas maneras, animales y personas, el amor por eso es infinito, no discrimina y es incluyente. Entonces no nos queda más remedio que amar, si no lo hace ya es hora de empezar.

Gracias amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un magnífico fin de semana en familia, primer objeto del amor.