El Mañana

miércoles, 17 de julio de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Se pasó semáforo en rojo

14 julio, 2019

“¿Qué sientes cuando haces el amor con tu marido?”. Esa pregunta le hizo la vecina a doña Macalota. Respondió ella: “Nada”. Declaró la vecina: “Yo tampoco siento nada. Pero con el mío sí siento bastante”… Aquel hombre le dijo a su vecino de asiento en el banquete: “Mire usted, señor. Me llamo Jock McCock. Soy escocés. Los escoceses usamos esta falda. Le ruego por lo tanto que no se dirija a mi diciéndome ‘querida señora’”… Sir Galahad y su escudero entraron en la cueva del dragón. El monstruo de las fauces de fuego estaba follando con la hermosa princesa Guinivére, quien parecía disfrutar cumplidamente la ocasión. El escudero de sir Galahad le dijo: “Acepte la realidad, jefe. Hemos llegado tarde”… La señora detuvo a su marido: “Hoy no. Me duele la cabeza”. “Pero, mujer -adujo él-. En la cabeza no voy a hacerte nada”… Simpliciano, joven varón sin ciencia de la vida, habló con Afrodisio Pitongo, hombre perito en cosas de erotismo. “Tú conoces a mi novia -le dijo-. Es una ingenua y tímida doncella de alma virginal y candoroso corazón. ¿Crees que si le pido que hagamos el amor aceptará?”. “Claro que aceptará -respondió Afrodisio, incontinenti-. ¿Por qué habría de hacer una excepción contigo?”… En el solitario paraje llamado El Ensalivadero la muchacha le pidió a su galán: “Quítate los lentes. Me estás lastimando con ellos”. Pero enseguida le dijo: “Vuélvetelos a poner. Estás besando el pasto”. (No le entendí)… El pequeño hijo de un cierto amigo mío le contó que fue a comprar un dulce en la tienda de la esquina y el tendero le dio por equivocación cambio de más. “¿Y se lo dijiste?”, le preguntó mi amigo. “Sí -respondió el niño-, pero no me oyó porque se le dije en voz más o menos despacita”… Cierto junior invitó a un amigo a dar un paseo en su nuevo automóvil. Iban por una calle a 100 kilómetros por hora, y el muchacho se pasó un semáforo en rojo. “¡Ten cuidado! -exclamó asustado el amigo-. ¡El semáforo estaba en rojo, y ni siquiera lo viste!”. “Sí lo vi -respondió con toda calma el junior-. Pero mi papi se pasa siempre los semáforos en rojo y nunca ha tenido un accidente”. Poco después el junior conducía a 120 kilómetros por hora en un bulevar y se volvió a pasar en rojo otro semáforo. “¡Por Dios! -le dijo el amigo, alarmado-. Vas manejando sin ninguna precaución. Otra vez te pasaste en rojo”. “Así lo hace siempre mi papi -repitió el junior-, y nunca le ha pasado nada”. Más adelante iban por una avenida a 120 kilómetros por hora en una avenida. El junior vio el semáforo, que estaba en verde, y aplicó el freno a fondo. El auto se detuvo entre humo y chirriar de llantas. “¡¿Qué te pasa?! -estalló el amigo-. ¡Todos los semáforos te los has pasado en rojo, y ahora que está en verde te detienes!”. “Tengo que hacerlo -respondió el junior-. Podría venir mi papi”… Don Geroncio, señor de muchos años, petiso, cuculmeque y escuchimizado, casó con Pomponona, mujer en flor de edad y plenitud de carnes. Tan desigual connubio preocupó sobremanera a los hijos del señor, y a las hijas más. Pensaron que su padre iba a dejar la vida entre los poderosos muslos de su desposada, capaces de reducir a chatarra un tanque Sherman. Con ese lúgubre pensamiento en mente -el de la vida, no el de los muslos- el hijo mayor de don Geroncio tomó el teléfono al día siguiente de la noche de bodas y le preguntó al señor: “¿Cómo te fue anoche, padre?”. Con una sola palabra respondió el flamante novio: “Tres”. El que llamaba pensó que no había oído bien. Le dijo a don Geroncio: “¿Puedes repetir eso?”. “Claro que puedo -replicó el señor-. Sólo estoy esperando a que la muchacha se reponga un poco”… FIN.