El Mañana

viernes, 28 de febrero de 2020

Los Redactores
Río Revuelto Los Redactores

Se volvieron parte del paisaje

21 enero, 2020

Durante el 2019, la agenda noticiosa global giró alrededor
del muro y la migración, este 2020 ambos temas están resurgiendo con fuerza.

Ayer en el marco del memorial de Martin Luther King, más de
300 laredenses marcharon con una frase adaptada a la problemática de estos
tiempos: “Tengo un sueño, no hay muro fronterizo” (“I have a dream: no border
wall”), a esta protesta se sumaron contextos ecológicos ante el impacto
ambiental que implica instalar un cerco divisorio de grandes proporciones, algo
que muchos consideran innecesario al ser el río Bravo una división natural.

Aunque tres centenares de personas no suena a una
movilización de grandes proporciones, para esta frontera sí es una cantidad
inusual, pues regularmente no se suma siquiera la mitad de esa cifra a una
causa que ayer unió a varias agrupaciones y ciudadanos en general.

Hemos comentado que la llegada de migrantes centroamericanos
a la frontera sur de México es un indicio de la posibilidad de que se repita el
fenómeno del año pasado y las problemáticas que esto implica, las imágenes e
incidentes de ayer en Chiapas parecían repetidas a las de la última ocasión.

La Guardia Nacional les hablaba por los parlantes tratando
de hacerles comprender que si querían ingresar consideraran incorporarse a la
vida laboral en Chiapas y sus alrededores, pues llegar a la frontera con
Estados Unidos -basados en la experiencia previa- implicaba muchas penurias y
posibilidades casi nulas de conseguir el asilo político.

Sólo para entender la postura del gobierno estadounidense
con respecto a este tema, de las 66 mil 915 solicitudes de asilo político por
esta frontera, apenas al 3.17%, es decir 2 mil 124, se les concedió, es una
cantidad minúscula.

Lo anterior implica que una considerable porción de los 64
mil 791 restantes terminen en la clandestinidad, algunos en peores
circunstancias que otros, pues mientras algunos simplemente trabajarían y
vivirían en la informalidad, otros incluso podrían formar parte de las filas
del crimen sin importar la entidad del país.

Al final, estas negativas -que como cualquier país están en
su derecho de reservarse la admisión- tienen implicaciones para México, pues
mientras un segmento de los centroamericanos optan por regresarse a sus países
de origen al no obtener el resultado deseado, una mayoría opta por quedarse en
el país.

Hace un trienio, ver africanos, así como migrantes de 37
diferentes naciones vagando por las calles de Nuevo Laredo, hubiera sido
inaudito, hoy en día es habitual encontrarse con ellos en cualquier Oxxo o
supermercado o verlos ir y venir por la Guerrero o la calle Madero; se
volvieron parte del paisaje.