El Mañana

jueves, 21 de noviembre de 2019

Adolfo Mondragón
Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Seguimos con el viejo Centro

12 octubre, 2019

La semana pasada me dejé llevar por la nostalgia y me puse a recordar el viejo Laredo, el Laredo de mis amores como dice un portal de Facebook, algunos lectores me recodaron otros lugares que fueron emblemáticos en su época y que han pasado a ocupar un lugar en el baúl de los recuerdos, como la tienda de discos de Felo Faz, la casa “Chopin” que estaba en la Guerrero y Canales, adelantito se ubicaba el Hotel Reforma y su restaurante, que usamos mucho tiempo para tomar café, ahí nos reuníamos muchos amigos.

Hablando de cafés tenemos que recordar el restaurante “Cactus” que se ubicó en el edificio que antes era el Banco de Comercio en la esquina de Pino Suárez y Guerrero, el banco se iría a la esquina de Mina y Guerrero en flamante edificio, el edificio sigue, pero el banco ya no. Otra cafetería que fue emblemática durante mucho tiempo fue el Café Lennys por la Dr. Mier entre Matamoros y Juárez, tenía un enorme estacionamiento, ahí funcionó una maderería y por cierto que podemos admirar un par de automóviles abandonados desde hace muchos años, que en su tiempo fueron unos carrazos y una especie de Jeep de la guerra. Quién sabe de quién serían y por qué siguen ahí.

Otra cafetería de la época fue la Farmacia Laënnec del Dr. Daniel Enríquez, por la calle Madero entre Morelos y Allende, mucho tiempo fue nuestro lugar de reunión, ahí abrevamos de la sapiencia del Dr. Daniel Enríquez, fue algo así como nuestro Gurú particular, largas horas de charla, no sentíamos el correr del tiempo, embelesados de la plática de Daniel. Definitivamente influyó enormemente en nuestro pensamiento, nos ayudó a formar nuestros esquemas cognitivos y de comprensión de los fenómenos sociales desde una perspectiva muy analítica.

Más antiguos y cerca del puente, funcionaron dos restaurantes y cafeterías que eran los preferidos de los noctámbulos: el Café Hollywood y el Café Alicia, uno frente del otro por la Guerrero casi al legar a la calle 15 de Junio; el Alicia estaba junto a las oficinas de Transportes del Norte. A la salida del Castillo del Moro, el Shambrock, La Roca, el Capri o cualquiera de los centros nocturnos de la época, la parada obligada eran estos dos cafés. Era cuando los autobuses salían de los patios de las garitas Benito Juárez, ahí fuimos a despedir a nuestros compañeros cuando se iban a estudiar a Monterrey u otros lugares. O a despedir a familiares que nos habían visitado.

Hubo dos lugares más que recuerdo, el Restaurante “La época de Oro” que frecuentemente tenía variedad y en el que se podía incluso bailar, estaba atrás del Seguro Social y la Casa del Burócrata, el otro es el “Viejo Mundo” muy popular y famoso por la calidad de sus carnes y la esmerada atención de su dueño, ese quedaba un poco escondido, por la Av. Prof. Constanza García y Mina, más o menos. Su dueño, de quien no recuerdo el nombre, era muy amable y amigable, personalmente recibía y atendía a los comensales. Y bueno, uno que muy pocos recodarán, y que, aunque no estaba en el Centro, sí fue emblemático de una época, me refiero al “San Ángelo”.

Este restaurante estuvo ubicado exactamente donde hoy se erige el monumento a Juárez. Este edificio fue demolido precisamente para construir dicho monumento y la Av. Reforma, originalmente era la carretera Nacional, ahí terminaba y era una curva muy peligrosa, pues los automovilistas entraban con velocidad de carretera y eran frecuentes los accidentes. Su propietario era Don Teódulo Carrillo, abuelo del Dr. Eduardo Dozal Carrillo, estaba en lo que hasta hace poco fue Rafael de México, al final de la Guerrero y Sonora, en los enormes patios que llegaban hasta la calle Ocampo, se acumularon por muchos años las puertas, ventanales, refrigeradores hieleras y otros cachivaches del restaurante y eran nuestra delicia para jugar.

Regresando al Centro, hay que mencionar a la Roca obviamente, propiedad del Sr. Don Óscar Lozano, fue durante muchos años el lugar por excelencia, tuvo la única pista que se elevaba, trajo a las vedetes de moda en la capital y su restaurante era tan bueno como el del Cadillac, preferido por los turistas, único en preparar las “ancas de rana” y se ubicaba por la Ocampo y Belden, luego sería El Dorado, ya por los setentas nació “La Fits” y el Cadillac volvió a serlo en la Matamoros y Belden, con ellos se acabó la tradición de los grandes y exclusivos lugares.

Gracias mil, amable lector por la gentileza de su atención, le deseo un magnífico fin de semana en familia, gócela porque luego cambian las cosas.

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

Obligado: Evo

Cosas de mi pueblo y del otro lado Adolfo Mondragón

La J.F.M.M.