El Mañana de Nuevo Laredo

Jesús Pérez Caballero

Desde la frontera

Jesús Pérez Caballero

22 febrero, 2020

Selector de frecuencias



En las pasadas navidades en Guadalajara mi compa Barcos Leal
me contaba, satisfecho, que participaba en un grupo de WhatsApp de “vecinos
vigilantes”. De regreso a Matamoros, me pregunté por qué quienes espían
informalmente en avenidas estratégicas o desde sitios contra intuitivos
(vulkas, yonkes, puestos de lavacarros) usan radios de frecuencia, en vez de
los omnipresentes celulares. ¿Es resistencia obtusa hacia las nuevas
tecnologías? Unas pláticas y la relectura de Gambetta (La mafia siciliana. El
negocio de la protección privada, 2007), disiparon mi ingenuidad:

1. Autonomía. La radio no depende de líneas telefónicas, que
pueden ser pinchadas o carecer de cobertura. También evita impagos. Imaginemos
lo funesto de esta plática: “Ay patrón, me quedé sin cash, por eso no avisé, no
tenía feria y me cortaron la línea”. Algunas radios duran un día sin necesidad
de carga, mientras que la obsolescencia de la batería del celular es paulatina.
Un walkie talkie tampoco tiene gastos añadidos, como subidas de tarifa, ni
peticiones de actualizaciones. Eso sí, leo en Ángel (Animal Político, 7/3/15)
una vía mixta: cómo se usó ilícitamente en Tamaulipas la aplicación Zello para
convertir el celular en “walkie talkie virtual”.

2. Memoria. Los celulares conservan mucha información. Del
pasado: Llamadas realizadas, audios, fotos y videos enviados, pautas de
comportamiento, modus operandi. En el presente: Contactos almacenados, números
favoritos, conversaciones iniciadas. Hacia el futuro: Pueden seguir recibiendo
comunicaciones, aunque estén en manos incorrectas.

3. Tecnología. La línea divisoria es entre walkie estándar,
semiprofesional (como los aparatos Kenwood incautados que leí en sentencias) y
el profesional (con licencia). El Mtro. M.P. me ayudó a contactar a la empresa
española Onedirect. En un folleto explican cómo los walkie talkies
profesionales con licencia gozan de una frecuencia confidencial. Para obtenerla
en España un ingeniero presenta un proyecto al ayuntamiento, y el ministerio de
telecomunicaciones autoriza -previo pago anual- tal uso único. En los
utilizados por cazadores, basta decir dónde se cazará para que la empresa lo dé
preprogramado según lo exigido legalmente. ¿Cómo será en México?

4. Profesionalidad. El celular distrae (puede marcar mamá) o
es riesgoso (puedes presumir al compa de algo inadecuado). Mientras, la radio
separa placer de chamba. Es también un signo de mando. Permite actitudes
marciales, un lenguaje críptico, jergas.

5. Atención al movimiento. La radio de frecuencia posibilita
una mano libre y mejor vista al espacio circundante. Permite reacciones rápidas
si vienen vehículos u otros sujetos por parajes abiertos, como en División del
Norte en paralelo al bordo del río Bravo (preferible la frecuencia VHF), o en
el entorno urbano imprevisible -por saturado de cotidianeidad- de una colonia
popular, donde lo que vale es la UHF.

6. Homogeneidad. Las radios pueden comprarse al por mayor.
Todos los empleados usarán la misma radio, sin las jerarquías de quiénes
invierten más en sus celulares. Se sabrán de antemano los kilómetros de
cobertura. Además, un único experto puede formar a multitud de usuarios.

7. Contrainteligencia. Los walkies pueden usar frecuencias
como señuelos contra enemigos, o imitar la pose y el lenguaje de las
instituciones oficiales, así como pinchar las frecuencias de éstas. Es más, los
sistemas de radios se entretejen entre sí, ampliados en el espacio por postes,
farolas, cerros, o por la misma movilidad de los portadores.

8. Inercia. Los celulares llegaron hace poco y aún es más
reciente su uso para navegar en Internet. En cambio, las radios de frecuencia
llevan más tiempo (recordemos los Nextel), beneficiándose de automatismos,
mensurables en décadas. Incluso, si nos decantamos exclusivamente por las
nuevas tecnologías, acabaremos desconociendo qué son aquellos aparatos. Eso los
revalorizará: La ignorancia de verlos por primera vez podría invisibilizarlos.

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