El Mañana de Nuevo Laredo

Pedro Chapa Salinas

En voz alta

Pedro Chapa Salinas

27 diciembre, 2020

Ser mejores en la fraternidad



Como cada año que llega a su fin nos obliga a realizar un recuento de lo acontecido, asimismo, de la misma manera, estamos obligados a recapacitar, al menos si queremos, no sólo evolucionar como personas, sino como sociedad sobrevivir, recapacitar en lo que podemos mejorar como seres humanos en lo individual, pero también necesitamos, obligadamente, resolver cómo serlo en lo colectivo.
La llegada de la pandemia no sólo nos tomó por sorpresa y con la guardia por los suelos, sino que vino a descubrir toda una serie de problemas que habíamos desatendido y prevenido a toda costa enfrentar, como si nos hubiéramos dedicado durante buena parte de nuestras vidas a barrer los escombros debajo del tapete, o a esconder el mugrero que se va acumulando con el paso del tiempo, dentro de lo más inhóspito de nuestro ser.  Aunque era evidente que la producción en masa, las economías de gran escala, la globalización y el consumismo estaban desenfrenados, y que más temprano que tarde todo esto se derrumbaría, parece que aún no hemos entendido, ni mucho menos aquilatado, la grave contaminación que le hemos propinado a nuestro planeta, que, en la mayoría de los casos, son daños irreparables y de deterioro exponencial que perdurarán más de cien años si comenzáramos hoy a tomar conciencia.
El enfoque mercantilista y el desprecio por los que menos tienen no sólo ha sido la constante entre los grupos de poder, sino que se había convertido en política pública de los gobiernos que aún buscan en el modelo neoliberal la solución a todos los problemas, como si el acaparamiento de la riqueza y las reglas de mercado fueran el gran invento y la fórmula más brillante como para dejarlas a la suerte del destino de más de la mitad de la población mundial. 
El egoísmo y la intolerancia han desenmascarado a una gran parte de la población que pudiendo ver a su prójimo caer desvalijado voltean mecánicamente para otro lado de manera inconsciente como si la solidaridad y la compasión fueran sólo prácticas exclusivas y de simulada apariencia de un culto prodigioso. Como si la pobreza y el hambre son una condición atribuida a la suerte y cuyo destino es una condena que para nosotros es completamente ajena, y no nos queda más que lamentar.
La división, el rencor y el odio habían tomado como rehén a nuestros pueblos y naciones, cada vez siendo más evidente lo mucho que nos cuesta escuchar y entendernos en lugar de buscar en el desencuentro la motivación de lo que realmente somos. Solos cada vez más, pensamos que podemos sin la ayuda ni el apoyo de nadie, como si no es suficiente, ni nos ha quedado claro, que sólo juntos, unidos, y con amor podremos rescatarnos como hermanos y salvarnos como sociedad.
Ojalá podamos decir pronto que lo peor ya pasó, sin embargo, es necesario mientras tanto que tratemos no sólo de tener la humildad de reconocer nuestros desaciertos, y de proponernos retos y desafíos que nos permitan crecer y seguir desarrollando nuestra mente, y nuestro espíritu, sino que vayamos más allá, salgamos de esa zona que nos impide sentir por estar muriendo en la comodidad, y no nos conformemos con menos, hasta encontrar ser felices sirviendo en fraternidad. 

Adendum:
Un año muy complicado está por terminar, difícil será desearnos que el próximo sea uno feliz. Sin embargo, debemos siempre ser agradecidos y nunca, jamás, darnos por vencidos.
Deseando para usted, estimado lector, estimada lectora, que, pese a todos los desafíos, los retos y las dificultades que este año nos trajo, cuente con mucha salud, ya que hoy, lo demás, es lo de menos.
¡Por un mejor año!

Más opiniones de
Pedro Chapa Salinas