El Mañana

domingo, 21 de abril de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Siete en la mira

1 febrero, 2019

Repasar 20 años de administraciones municipales en esta ciudad de Nuevo Laredo, no es tan sólo el regresar mentalmente a ver qué hicieron, sino el ver físicamente qué tanto cambió la ciudad en lo económico, en cuestión de obra pública; entonces, idóneo sería analizar estas dos últimas décadas pasadas, para lo mismo, poner en el ojo público la labor de esos ex alcaldes, colocar a estos siete en la mira.
Por décadas uno de los principales problemas que ha padecido esta frontera es el tema de su imagen visual, esa falta de ordenamiento urbano, esa escasa inversión en pavimentación efectiva, de calles, de avenidas, asimismo de esa pésima sincronización de la semaforización, iluminación pública, de esa correcta instalación y constante supervisión de la nomenclatura urbana.
El olvido, en consecuencia, el deterioro de elementos indispensables para trasladar el agua a los hogares, por igual el control de esas descargas al río Bravo, no pasa de recibir y por años ese mismo y deficiente tratamiento.
Reconocer que en todo este tiempo, poco o nada se ha hecho en procurar esas mejores oportunidades de empleo, esto, por esa nula captación de empresas sólidas que ofrezcan esa garantía de progreso, de bien vivir entre toda la comunidad, que permitan desarrollar a excelentes profesionistas, técnicos, y no tan sólo en su mayoría ser esos captadores, incubadores de esa mano de obra barata.
Queda claro que todo esto, y muchos temas como los de asistencia social, salud, deberían estar considerados entre los que pretendan ser alcaldes de Nuevo Laredo, ser temas de dominio, por lo mismo atacados ya como administrador de esta frontera.
Entonces en qué ha fallado la política en Nuevo Laredo, qué es lo que ha pasado, por qué no se ha avanzado correctamente, al entender como correcto esa decisión acertada desde el mismo momento de escoger al candidato, pues por lo que se ve en esta frontera al menos desde 1999 hasta el 2018, el progreso en todos los aspectos no es sinónimo de excelencia, sino de esa real y lamentable incompetencia.
Mencionar lo que estos últimos alcaldes hicieron como cabeceras, administradores de esta ciudad, jefes de ese cabildo que, bajo su mando, bajo su orden o visto bueno, emprendieron infinidad de proyectos, obras, planes de desarrollo, en verdad que no alienta a nadie el recordarlos, al verse que, en su mayoría, lo que en su momento gestionaron, ejecutaron, tristeza da el saber, el ver que nada o muy poco de eso ha quedado, o nada funcional resultaron.
Estadios deportivos a futuro mal planeados, estructuras de plazas que se desmoronan a los pocos meses de inaugurados, parques recreativos invadidos por monumentales estorbos visuales, vergonzosos puentes elevados, desorden en la autorización o gestión de complejos habitacionales, creación de deficientes unidades médicas, fugaces proveedoras de apoyo ciudadano.
Pena da el ver cómo “regalaron” Comapa, pena da el ver cómo cedieron los puentes internacionales, pena da el ver que nadie hizo absolutamente nada para impedirlo, pena da el ver que nadie hace nada para rescatarlos, pena da el ver que actualmente hasta la Carretera Nacional, esa entrada principal a esta ciudad, de los neolaredenses por igual será próximamente despojada, pena da ver cómo se ha “destazado” la economía de Nuevo Laredo.
Quizás el error de Horacio Garza Garza, José Manuel Suárez López, Daniel Peña Treviño, Ramón Garza Barrios, Benjamín Galván Gómez (+), Carlos Enrique Canturosas Villarreal y de Óscar Enrique Rivas Cuéllar, fue que la mayoría de estos administradores municipales siguieron su propio instinto y no esa normatividad, disciplina y respeto de cómo gobernar al momento de tomar las riendas de esta ciudad.
Quizás el error de la comunidad, de los propios residentes, consejos, cámaras de empresarios, ramos industriales, obreros, maquiladores, ha sido el no crear ese contrapeso, esa verdadera ente que en conjunto tal y como si fuera otra administración de esta ciudad se encargue de cuidar el dinero invertido, proteger, obligar al cabildo en turno a cumplir con ese cuidado, continuidad y conservación de obra y proyecto, sin importar de qué personaje político fue o haya sido la idea, quién la haya iniciado.
Enorme tristeza da el reconocer que al menos de esos últimos veinte años de ser administrado Nuevo Laredo, sus avenidas y calles siguen peor que antes, el alumbrado público obsoleto y viejo, un sistema de agua con instalaciones y servicio tan añejo como el mismo día en que fue creado, un Laguito que sobrevive ante la indiferencia de sus autoridades, tanques elevados a punto de colapsar, la ejecución de obra pública a la antigüita y “copiada”, por lo mismo pésimamente desarrollada.
Enorme tristeza da el reconocer que al menos de esos últimos veinte años de ser administrado Nuevo Laredo, de esos millones y millones de pesos para el beneficio de sus ciudadanos, del comercio, para la generación de empleos, de imagen urbana, de servicios públicos no se ha visto ninguna mejoría, ni cambio significativo alguno.
Ojalá que los próximos ciudadanos que pretendan ser alcaldes de Nuevo Laredo, se abstengan de levantar la mano para ocupar ese tan importante cargo si no cuentan con esa verdadera y ya necesaria visión de cambio, abstenerse si son de esas personas que hablan y hablan, que pregonan proyectos, que quieren ser en todo el centro de atención y que al final no hacen, ni dejan hacer, ni defienden nada.
Porque ya Nuevo Laredo se merece respeto, porque ya sus ciudadanos y sus residentes de estas actuaciones, de sus resultados está más que fastidiada, porque ya de contar y contar, el ver alcaldes pasar que no generaron nada, en verdad que más que cansada, está la ciudadanía, pero muy decepcionada.