El Mañana

martes, 16 de julio de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Sonidos, silbidos y pitidos del añorado Nuevo Laredo

10 julio, 2019

La gente de antes en esta ciudad, estaba ya más que acostumbrada a escuchar durante todo el día ese reconocido sonido de la fábrica de la mantequera, para las amas de casa era como ese aviso para realizar o apurarse a concluir esas labores domésticas, para otros, era ese recordatorio de que ya se hacía tarde o para tan sólo saber la hora; esos eran otros tiempos, esos eran los sonidos, silbidos y pitidos del añorado Nuevo Laredo.

Ante esa orden aquel niño hacía muchos berrinches de cirquero, pues el fin de semana era el elegido para ser enviado con el temible peluquero, así la pregunta era directa sobre el infante, ¿de casquete o al natural?; al natural, indicaba la madre al instante.

Así empezaba aquel artista de las tijeras a realizar su actividad, destreza que acompañaba con ese melódico silbido, por lo regular imitando a ese famoso actor de cine, tan bien entonado que lograba a cualquiera la piel se le enchine.

No tiene explicación, pero la mayoría de las señoras de la casa, esas de antes, desarrollaban un oído muy certero, pues eran las primeras en saber que ya se acercaba el cartero, quizás era el ladrido lejano de los perros, o ese pausado y profundo pitido que dicho trabajador del correo le daba al silbato, cosa que ellas lo consideraban como algo ya nato.

Pero el que en verdad emocionaba mucho al barrio entero, era ese personaje sincero, ese que caminaba todo el día llamado globero, así y para promocionar su producto, traía en su boca un singular invento casero, éste construido de lámina doblada que producía un fuerte pitido al soplarlo con esmero.

Pero nunca faltaba el padre de familia que insistía, ¡oiga, oiga!, a cómo da los pitos, y el globero se detenía, casi enfadado y volteando la cara respondía a sus gritos, no patrón, lo que vendo son los globos, no pitos.

Un chiflido largo y dos cortos, era el aviso para la raza, esa invitación a jugar al beisbol, futbol, entre otros gustos en la plaza, el mensaje llegaba hasta sus casas a través de ese sonido con la boca, éste, sí que era y de inmediato entendido y obedecido como ese algo que convoca.

Ha sido por siempre tan insoportable y ensordecedor su ruido, pero el pitido del tren sí que ha marcado a muchos de esa bestia su “aullido”, tan es así, que la vida sin esa manifestación diaria a muchos sí que causaría extrañeza, pues son cosas que van de la mano, que ya hasta lo toman con total naturaleza.

La vida común de los neolaredenses, de sus residentes, lleva plasmado ese colorido diario de costumbres muy dentro de su corazón, así la campana que anuncia de la basura la llegada del camión, como del replicar de las mismas en las iglesias, la melodiosa canción del nevero, hasta ese caminar golpeteado y sincronizado del elegante caballero, invitan a todos y en cada momento a recorrer ese paseo memorial, desde ese ya viejo, hasta este querido Nuevo Laredo tradicional.