El Mañana de Nuevo Laredo

Guadalupe Loaeza

Artículo

Guadalupe Loaeza

7 febrero, 2020

Tata tataranieto



Querido Tomás:

Me enteré por tu abuela Guadalupe, mi bisnieta, que fuiste
aceptado en la carrera de médico cirujano en la Universidad Anáhuac.
Enhorabuena, querido tata tataranieto, he allí una decisión que me llena de
orgullo y que no hace más que corroborar que también tú perteneces “a la raza
de valientes”, como nos apodó el general Sóstenes Rocha al referirse a tus
antepasados oaxaqueños, héroes de la batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862.
Has de saber que también fui médico cirujano del Instituto de Ciencias y Artes
de Oaxaca. Además, di clases de Anatomía, Fisiología, Farmacia y Francés, por
las que me pagaban 41 pesos mensuales. Para mí era una fortuna. Como médico me
recibí en San Luis Potosí, en agosto de 1863.

A pesar de que peleé contra los gabachos, como perteneciente
a la Segunda Compañía del Segundo Batallón, por el triunfo de la nación sobre
el invasor y restablecimiento de las leyes de la Reforma, no me molesta tu
origen francés. Al contrario, celebro que tus bisabuelos, por parte paterna,
fueron franceses, nacionalidad de la que también es tu abuelo. Te he de decir
que todos mis libros de medicina eran franceses, gracias a estas obras aprendí
todo lo que sé de medicina. Cuando supe que mi hijo Juan Antonio sería médico,
se los regalé y él, a su vez, se los dio a su yerno, un magnífico pediatra.
Quién le iba a decir que el primer hijo Manuel, de mi nieta Emilia, también
sería muy buen médico. Sé que Antonio, tu primo segundo, se recibió de médico; así
como Martín. Es decir que en la familia Loaeza hay, hasta este momento, seis
médicos y contigo, Tomás, ¡siete doctoretes!

Qué bien hiciste en haber elegido la carrera de médico; es
tanto lo que puedes hacer. Yo tuve la fortuna, en medio de la desgracia, de
curar a muchos heridos en la Plaza de Veracruz que fue asediada por las fuerzas
reaccionarias. Por haber combatido los años 1858, 59 y 60, Juárez me hizo
comandante de batallón y me escribió una carta con su puño y letra (¿sabes
quién tiene una copia de esta carta? Tu abuela Guadalupe, dile que te dé otra
copia para que la enmarques y la pongas en la pared de tu primer consultorio)
por mi acendrado patriotismo y “abnegación que tuvo la gloria de salvar a su
patria de la tutela en que por cuarenta años la tuvieran las clases que se han
creído privilegiadas de la República”. Tengo otra carta, firmada también por
Juárez. Tres días antes de que ejecutaran a Maximiliano, me escribió para
felicitarme por mi matrimonio con tu tata tatarabuela, Emilia Vargas, a la que,
en efecto, conozco porque fui presentado a ella en el baile, con el que se me
obsequió cuando estuve en Durango. Doy a usted las gracias, lo mismo que a su
señora por la fina atención que han tenido en participarme su matrimonio… (Tu
abuela Guadalupe también tiene esta carta, dile que te dé una copia).

De todos los viajes que hice por la República curando a los
pobres, el que más recuerdo fue el que realicé a Puebla. Cuando iba por las
inmediaciones de Tepeaca me asaltaron, perdiendo mi equipaje, mis libros e
instrumentos quirúrgicos, en fin, todo lo que poseía. A pesar de mis denuncias
y quejas, jamás me pagaron los 200 pesos que necesitaba para reponer lo robado.
Has de saber qué me contestó un señor apellidado Ortega, por parte de Hacienda:
“no pudiendo acceder al pedido que el interesado hace por no permitirlo las
circunstancias del erario”. En 1860, me asignaron al hospital militar de
Veracruz.

¿Cuántos hospitales públicos y privados habrá actualmente en
todo el país? ¿Cuántos médicos y cuántas camas? ¿Cuántas enfermeras? ¿Cuántas
especialidades? Imagino que México todavía sigue muy pobre, así es que, querido
tata tataranieto, vete preparando para lo que te espera en tu verdadero
apostolado. Ojalá que hicieras tu servicio social en Oaxaca, donde nací el 17
de octubre de 1835. Sería magnífico que te fueras a la cabecera de Jamiltepec
donde nacieron mis hermanos, José Manuel, María Josefa Victorina y el general
Francisco Loaeza Caldelas.

Mi querido tata tataranieto Tomás, no me queda más que felicitarte
y desearte con todo mi corazón que te conviertas en un médico (el séptimo de la
familia), no de las clases privilegiadas, sino de los más necesitados. Ellos te
necesitan. Sé empático, generoso, pero sobre todo profesional. Por último,
quiero decirte que cuides la ciática de tu abuela, que no la deja en paz.

Recibe todo género de felicidades de tu tata tatarabuelo,

Dr. Juan Antonio Loaeza Caldelas

[email protected]

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