El Mañana

viernes, 19 de abril de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Tendré que llamar a la Policía

23 marzo, 2019

“Mi esposa y yo somos muy sensuales -relató un tipo en el bar-. Siempre nos ha gustado mucho el sexo. Hicimos el amor antes de casarnos”. Comentó uno de los presentes: “Muchas parejas han hecho el amor antes de casarse”. Preguntó el tipo: “¿En el atrio de la iglesia, mientras llegaba el cura que nos iba a casar?”… Ya conocemos a Jactancio Elátez. Es un tipo vanidoso, engreído, presuntuoso, egocéntrico, pedante y fanfarrón. Como él andan muchos por el mundo. Supe de uno que le dijo a la chica con quien conversaba: “Pero ya hemos hablado demasiado de mí, linda. Hablemos ahora de ti. Dime: ¿qué piensas tú de mí?”. Pues bien: ese tal Jactancio declaró una vez con actitud supuestamente humilde: “Quise ser metrosexual, pero no pude. Me faltaron unos cuantos centímetros”… Un tipo fue a visitar a su amigo en el hospital. Lo encontró en el lecho de dolor vendado de pies a cabeza igual que momia egipcia. “¿Qué te sucedió? -le preguntó azorado-. ¿Te atropelló un tráiler de 40 toneladas?”. “No -respondió con flébil voz el lacerado-. Me dio tos”. “¿Cómo? -se sorprendió el visitante-. ¿Por una tos estás que de milagro vives?”. “Sí -confirmó el otro-. Tosí dentro de un clóset y me oyó el marido”… Uglicio no sólo era muy feo: era además mamón, sangrón, huevón y caón, si me es permitido motejarlo con esos epítetos notoriamente faltos de caridad cristiana, sobre todo ‘caón’. Eso explica por qué la linda Dulciflor, cuando Uglicio le pidió que fuera su novia, respondió diciendo: “No, no, no y mil veces no. Aunque fueras el último hombre sobre la faz de la Tierra te diría que no, y que no, y que no”. “Vaya -replicó Uglicio-. Te trataré el asunto en algún otro momento. Ahora te noto un poco indecisa”… Doña Panoplia de Altopedo, señora de buena sociedad, llegó a su casa luciendo un nuevo abrigo. Cuando su esposo don Sinople supo lo que le había costado puso el grito en el cielo. “¿Por qué tan caro?”, preguntó irritado. Le informó doña Panoplia: “Es de lana virgen”. Razonó don Sinople: “No creo que la vida privada de las ovejas deba influir en el precio”… “Cuando tengas un orgasmo te agradeceré que me lo digas” -le pidió el marido a su mujer. “No puedo” -opuso ella. “¿Por qué?” -se extrañó el hombre. Explicó la señora: “Porque me has prohibido que te llame por teléfono a la oficina”…Una señora fue a la tienda a devolver el calentador eléctrico que había comprado. “¿Por qué lo devuelve?”, le preguntó el encargado. Explicó la señora: “Me recuerda mucho a mi marido. Tarda mucho en calentarse, bien pronto se le quita lo caliente y le falla la resistencia”… Don Martiriano, el sufrido esposo de doña Jodoncia, le contó muy apesadumbrado: “El jefe me insultó en la oficina. Me dijo que soy medio indejo”. “No le hagas caso -lo consoló doña Jodoncia-. Es que sólo te conoce a medias”… Capronio es un sujeto ruin y desconsiderado. Cierto día extrañó el reloj de bolsillo que en su lecho de muerte su papá le había vendido. (Tenía a quien salir el tal Capronio. Bien decían nuestros ancestros: “Padre petate, hijo tepetate”). Un breve interrogatorio le bastó para sacarle la verdad a la criadita de la casa: ella había sustraído el reloj con intención de regalárselo a su novio. “Lo siento, Ancilia -le dijo Capronio-. Tendré que llamar a la policía”. “¡No me denuncie, patroncito! -suplicó llena de angustia la muchacha-. ¡Hágame lo que quiera, pero no llame a la policía!”. No es que Capronio fuera muy bueno; lo que pasó es que Ancilia estaba muy buena. El vil sujeto se dispuso entonces a cebar en ella su rijosidad. Pero se le cebó el intento, pues por más esfuerzos que hizo no pudo ponerse en aptitud de dar satisfacción a su libídine. Quiero decir que no funcionó. “Lo siento mucho, Ancilia -dijo entonces el desgraciadísimo Capronio-. Siempre sí tendré que llamar a la policía”…FIN.