El Mañana

martes, 19 de noviembre de 2019

Padre Leonardo López Guajardo
Compartiendo Opiniones Padre Leonardo López Guajardo

Tenemos el lujo de no tener hambre

16 octubre, 2019

Hablar a favor de los pobres es políticamente correcto. El arranque de la revolución mexicana tuvo precisamente esa excusa. Y, al terminar el conflicto, hasta fines de la década de los 30s, la inmensa mayoría de pobres siguieron viviendo la misma condición de la pobreza, y un puñado de revolucionarios ambiciosos y con la suficiente astucia de seguir sometiendo a los pobres, fueron la única diferencia al finalizar la revolución: mucho ruido y pocas, demasiado pocas nueces.

La ayuda a los pobres se volvió una frase tan demagógica, que los convirtió en muchas ocasiones en personas dependientes, más que organizadas. Las buenas intenciones –en el mejor de los casos-, no fueron suficientes.

Los resultados han sido más que dramáticos. A pesar de los cada vez mayores presupuestos que se destinan a favor de los pobres, su situación económica, en el mejor de los casos, apenas ha mejorado y su organización ha retrocedido de tal manera, que durante decenios, han seguido, de manera poco crítica a líderes que en no pocos casos, se han enriquecido.

La Jornada Mundial de la Alimentación que se está celebrando en estos días, tiende a recordarnos nuestro compromiso con los más pobres, invitándonos a pensar sobre la gran responsabilidad que, según Joaquín Sabina, “tenemos el lujo de no tener hambre”.

En el mensaje del año pasado sobre la Jornada Mundial de la Alimentación, el Papa dijo, entre otras cosas, lo siguiente:

“Los pobres aguardan de nosotros una ayuda eficaz que los saque de su postración, no meros propósitos, o convenios que, tras estudiar detalladamente las raíces de su miseria, den como fruto únicamente solemnes eventos, compromisos que nunca llegan a materializarse o vistosas publicaciones destinadas sólo a engrosar catálogos de bibliotecas. En este siglo XXI, que ha visto considerables adelantos en el campo de la técnica, la ciencia, las comunicaciones y las infraestructuras, tendríamos que sonrojarnos por no haber conseguido los mismos avances en humanidad y solidaridad, y así satisfacer las necesidades primarias de los más desfavorecidos.

“Tampoco nos podemos quedar tranquilos por haber hecho frente a las emergencias y a las situaciones desesperadas de los menesterosos. Todos estamos llamados a ir más allá. Podemos y debemos hacerlo mejor con los desvalidos. Y para ello hay que pasar a la acción, de modo que desaparezca totalmente el flagelo del hambre. Y esto requiere políticas de cooperación al desarrollo que, como indica la Agenda 2030, estén orientadas hacia las necesidades concretas de los indigentes.

“Es preciso también una particular atención a los niveles de producción agrícola, el acceso al mercado de alimentos, la participación en las iniciativas y acciones y, sobre todo, el reconocimiento de que, a la hora de tomar decisiones, los países son iguales en dignidad. Es imprescindible asimismo comprender que, cuando se trata de afrontar eficazmente las causas del hambre, no serán las pomposas declaraciones las que extirpen definitivamente esta lacra. La lucha contra el hambre reclama imperiosamente una generosa financiación, la abolición de las barreras comerciales y, sobre todo, el incremento de la resiliencia frente al cambio climático, las crisis económicas y los conflictos bélicos”.

Hasta aquí el mensaje, donde también los pobres, no pueden ni deben esperar cruzados de brazos que otros solucionen los problemas, que con la irresponsabilidad de algunos de ellos, han provocado para sí mismos. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com