El Mañana

martes, 31 de marzo de 2020

Leo Zuckermann
Juegos de poder Leo Zuckermann

¿Tercera Guerra Mundial?

11 enero, 2020

Europa, a principios del siglo XX, era el centro geopolítico
del mundo. La región llevaba varias décadas en paz. Las perennes
confrontaciones bélicas habían desaparecido. En este contexto, el 28 de junio
de 1914, un grupo de nacionalistas serbios asesinó al archiduque Francisco
Fernando de Austria, en Sarajevo.

En la capital del imperio austro-húngaro, los vieneses
continuaron su vida como si nada. Sin embargo, el asesinato generó un efecto
dominó en la geopolítica europea. Las fichas cayeron de manera rápida e
incontrolable. Muy pronto, las principales potencias europeas estaban
enfrentadas en dos bandos. Había comenzado la Primera Guerra Mundial, una de
las más sangrientas de la historia.

El comienzo de este conflicto bélico, que dejó entre nueve y
diez millones de muertos, es un ejemplo de cómo un evento va escalando hasta
terminar en una desgracia épica. ¿Será que estos días estamos viviendo algo
similar con el asesinato del general iraní Qasem Soleimani, número dos del
régimen teocrático de Teherán?

No faltan en la prensa quienes, acostumbrados al
sensacionalismo mediático, presentan la ejecución de Soleimani como prólogo de
una posible Tercera Guerra Mundial. De que esto es posible, es posible. Ahí
está el caso de cómo comenzó la Primera. Pero también, desde entonces, los
gobiernos han aprendido a comportarse con mayor prudencia y responsabilidad.

Es lógico. El desarrollo tecnológico ha producido nuevas
armas que son más sangrientas a las que había en el siglo pasado. Dejo a un
lado los arsenales nucleares que simplemente son apocalípticos. Me refiero a
armas como los drones que mataron, con precisión milimétrica, al general
Soleimani. El daño colateral de estos artefactos -la muerte de civiles inocentes-
son brutales, como se ha demostrado en Afganistán e Irak estos años.

Además, por fortuna, las sociedades se han vuelto más
refractarias a los conflictos bélicos. Los estadounidenses lo saben bien. Parte
de su derrota en Vietnam se debió al creciente rechazo social a esa guerra que,
por cierto, también comenzó con eventos aislados y fue escalando al punto de
que Estados Unidos llegó a tener medio millón de soldados en esa nación
asiática.

En principio, puede haber una reacción nacionalista
exacerbada por el discurso político. Pero, conforme va subiendo el número de
muertos, el apoyo de la opinión pública a la guerra va menguando. Sobre todo en
estas épocas de redes sociales. En la Segunda Guerra Mundial, la gente se
enteraba de lo ocurrido por la radio y noticiarios en los cines. Todos los
gobiernos censuraban la información negativa. En Vietnam, la cosa ya fue
diferente: la primera guerra que se trasmitió por televisión. Muchos no
tuvieron el estómago de ver las realidades en el campo de batalla. Pensemos,
ahora, lo que ocurriría en la actualidad, donde la transmisión de información
es en tiempo real y sin mediación por parte de los medios tradicionales.

Vayamos a lo que ocurrió en días recientes. Una milicia
apoyada por Irán lanzó unos misiles que mataron a un contratista estadounidense
en Irak. Grupos chiitas con vínculos al régimen de Teherán asaltaron la
embajada de Estados Unidos en Bagdad. El presidente Trump, entonces, decidió
asesinar al general más importante de Irán. Los iraníes reaccionaron bombardeando
dos bases estadounidenses en Irak.

Extraña y sorprendentemente, no mataron a ningún
estadounidense. Dice Estados Unidos que esto se debió a una labor de
inteligencia que anticipó el ataque. La televisión estatal de Irán, sin
embargo, afirma que hubo por lo menos 80 muertos de personal de EU. Yo le creo
a la versión de nuestro vecino, porque ahí existe libertad de prensa y sería un
escándalo que el gobierno de Trump mintiera sobre un solo muerto de ese país.
En Irán, en cambio, toda la información la controla el gobierno. En este
sentido, su ataque con misiles, en venganza por el asesinato de Soleimani,
parece más un ejercicio para “salvar la cara” frente a su población.

De inmediato, Irán declaró que ahí muere el asunto. No
quieren guerra. Trump les tomó la palabra. Todo indica que ahí quedará este
episodio. No habrá, por lo pronto y por fortuna, Tercera Guerra Mundial.

El conflicto en Oriente Medio, no obstante, continuará. Ahí están involucrados no sólo Irak e Irán, sino Israel, Líbano, Siria, Arabia Saudita, Qatar, Yemen y Afganistán. Y detrás de cada uno de estos países hay apoyos explícitos e implícitos de Estados Unidos, Rusia y China. Nada nuevo en el histórico polvorín de esta región, la más inestable del mundo.

Twitter: @leozuckermann