El Mañana

martes, 28 de enero de 2020

Catón
De política y cosas peores Catón

Tirilita tenía un perico

14 enero, 2020

Hay tres palabras que un hombre odia oír de una mujer en el momento del acto del amor. Esas palabras son: “¿Ya está ahí?”. Y hay tres palabras que una mujer odia oír de un hombre en el momento del acto del amor. Esas palabra son: “Ya llegué, querida”… “No me gusta nada el aspecto de su esposa” -le dijo el ginecólogo a don Chinguetas después de revisar a la señora-. “Bueno, doctor -se molestó el marido-. El que usted le ve no es precisamente su mejor ángulo”… Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, relató en la merienda de los jueves: “Ya estaba yo harta de hacer el amor con un hombre panzón, de modo que inscribí a mi esposo en un gimnasio. Ahora mientras él está en el gimnasio viene a mi casa un hombre que no está panzón y hago el amor con él”… Conocemos bien a Astatrasio Garrajarra: es un ebrio consuetudinario. Su anciana madre lo amonestó con cariñosa solicitud: “Hijo mío: el vino no te sienta”. “¡Cómo no, mamá! -opuso el temulento-. ¡Hasta me acuesta!”… ¿Cuándo supo Pinocho que estaba hecho de madera? Cuando su mano empezó a humear… En el bar un tipo le preguntó con voz untuosa a una muchacha que no llevaba anillo de casada al dedo: “¿Cómo es que una linda chica como tú sigue soltera?”. “No sé -respondió ella-. Ha de ser mi buena suerte”… Los sobrinos de Himenia Camafría le pidieron que les hablara del tiempo en que fue joven. Contestó la madura célibe: “No me gusta hablar de mi juventud”. “¡Ah, tía! -le dijo, travieso, uno de los chicos-. ¡Qué harías que no te quieres acordar!”. Replicó Himenia, hosca: “No hice absolutamente nada. Por eso no me gusta hablar de mi juventud”… El señor y su esposa estaban platicando. Comentó él: “Mi compadre Pitorrango es un consumado seductor. Tiene tanta labia, tanto poder de convicción, que siempre las mujeres acaban rogándole que les haga el amor”. Declaró muy digna la señora: “Yo nunca he tenido que rogarle”… Tirilita tenía un perico. Y algo más tenía: un amigo con derecho a todo que la visitaba en su departamento. Ayer Tirilita se levantó temprano -serían las 7 de la mañana- y quitó el velo con que cubría por las noches la jaula del cotorro. A eso de los 8 sonó el timbre de la puerta. Quien llamaba era el amigo con derecho a todo. Tirilita no gustaba de que el loro viera lo que enseguida iba a suceder, de modo que antes de hacer pasar a su galán procedió a tapar de nuevo la jaula del perico. “¡Carajo! -exclamó éste, disgustado-. ¡Con la llegada del invierno los días se van acortando más y más!”… Dos individuos estaban bebiendo en el lobby bar del hotel. Uno de ellos le dijo a su compañero: “Tómate la otra”. “No -declinó el tipo-. Aquí hay mujeres. Ya me he bebido cuatro copas; si me tomo una más me voy a sentir un Romeo”. “Tómatela -lo animó el amigo-. Yo ya me tomé seis y me estoy sintiendo una Julieta”… El gallo perseguía a las gallinas por todo el corral, y cuando las alcanzaba cumplía en ellas el rito antiguo de la naturaleza. (Recordemos el mexicanísimo dicho: “Quién tuviera la dicha del gallo, que nomás se le antoja y se monta a caballo”). Al final de la jornada el gallo estaba agotadísimo. El pato le indicó: “Es que todo el día les haces el amor a las gallinas”. Respondió el gallo: “No es hacerles el amor lo que me cansa. Lo que me jode es correr tras ellas”… Un señor se hallaba en el lecho de agonía y le dictó a un notario público su última voluntad. “Dejo toda mi fortuna a mi esposa Gorgolota con una condición: que se vuelva a casar”. “¿Que se vuelva a casar? -se asombra el notario-. ¿Por qué?”. Explicó el señor: “Quiero que haya alguien que sienta mi muerte”… Una señora le preguntó a otra: “¿Cómo es el amor con tu marido?”. Respondió la otra: “Como la noche del Grito de Independencia”. “¿Con mucho entusiasmo, mucho fuego?”. “No. Una vez al año”… FIN.

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