El Mañana de Nuevo Laredo

Guadalupe Loaeza

Artículo

Guadalupe Loaeza

13 noviembre, 2019

Todas somos Raquel



El jueves 7 de noviembre, cerca de las 4 de la tarde, Juan
Armando Rodríguez Castro, de 55 años de edad, degolló a su pareja sentimental
por cinco años, la antropóloga e historiadora Raquel Padilla Ramos.

El asesinato sucedió en una cabaña que ambos habían
construido en El Seuz, localidad de Ures, en Sonora.

El hijo (menor de edad) de la Dra. Padilla fue testigo del
feminicidio, de allí que saliera empavorecido hacia la casa de la vecina para
avisarle que Juan estaba apuñalando a su madre de 53 años. “Desde hace seis
años los conozco, desde que venían a echarle vueltas al terreno hasta que
construyeron la casita, a donde venían a pasar todos los fines de semana. Todo
fue muy rápido, muy inesperado… le ganó la ira a Juan”.

Dice Silvia Núñez, representante en Sonora del Observatorio
Ciudadano Nacional del Feminicidio, que hacía dos días que Raquel había
reanudado su relación. “Esto es algo que es un patrón, hay muchos casos de
feminicidios en los que el agresor al sentir que puede perder la víctima, la
asesina” (Animal Político).

¿A cuántos hombres les gana la ira en México al punto de
matar a su pareja? ¿Cuántos de ellos se sienten con todo el derecho y poder de
degollar a sus parejas? Este año 24 mujeres fueron asesinadas por sus parejas
en Sonora, el quinto estado más violento. Lo hacen porque pueden, porque saben
que en México se vale, al fin que nadie los persigue. En otras palabras, la
matan por la sencilla razón de que es mujer, punto.

Los feminicidios han ido al alza, cada día mueren tres
mexicanas por hechos de violencia. En lo que va el año, se han dado 637 casos
en el país. El año pasado se registraron 494, por “lo que la cifra reportada
hasta ahora de 2019 es 10 por ciento mayor a la del mismo lapso” (Expansión).
Como dice Alejandro Gertz Manero, titular de la Fiscalía General de la
República, que de 32 millones de delitos hay 99 por ciento de impunidad.

A Raquel Padilla la degolló Juan Armando Rodríguez Castro
para callar la voz de la defensora de los yaquis. La voz de Raquel no era
cualquiera, gracias a sus estudios y doctorado en Etnología por la Universidad
Hamburgo y a que era integrante del Sistema Nacional de Investigadores, su voz
era escuchada con todo respeto y fervor por estudiantes de antropología e
historia. Era escuchada por el grupo intelectual de Sonora, por investigadores
y académicos.

La voz de Raquel era una voz feminista y muy comprometida,
por eso su hija Raquel Torua, en el velorio de su madre se refirió a ella como
defensora de las causas nobles del país y de las mujeres, indígenas, migrantes,
campesinas, desplazadas, víctimas del narco y el medio ambiente.

“A mi mamá me la arrebataron de la manera más cruel, mi mamá
tan linda, y es una prueba muy grande porque no sólo llevo el luto de que murió
mi mamá, sino el dolor tan grande de pensar cómo murió, no sólo pienso en mi
mamá fallecida, sino en lo que sufrió antes de fallecer”.

Raquel siempre fue muy generosa y abierta para compartir con
los estudiantes e investigadores sus enseñanzas de los yaquis respecto a la
muerte, cuyo tránsito de un año por un camino oscuro y muy sinuoso, finalmente
llega hasta al ‘sewa ania’, es decir al “mundo flor”, un universo donde
animales, fauna y hombre viven en armonía.

Lo maravilloso es que según la creencia yaqui, cada octubre
y noviembre regresa el muerto desde el infinito a visitar a los vivos, ritual
que se adapta al Día de los Fieles Difuntos.

En el homenaje a Raquel, que se llevó a cabo el sábado
pasado en el patio central del Museo Regional de Sonora, se siguieron al pie de
la letra estos rituales yaquis: danzas y cantos fúnebres. Primero rezaron y
luego bailaron la danza de los matachines (soldados de la virgen). Muchos de
ellos viajaron desde sus pueblos especialmente para acompañar a Raquel en su
último viaje.

En el caso de Raquel, no fue un fallecimiento, fue un
fe-mi-ni-ci-dio.

Al degollarla, le robaron su voz, pero afortunadamente allí
están sus libros, entre los que destacan: “Los partes fragmentados. Narrativas
de la guerra y la deportación Yaquis”, “Los irredentos parias. Los Yaquis,
Madero y Pino Suárez en las elecciones de Yucatán, 1911” y las diversas
ediciones del libro “Misiones del noroeste de México”. Antes de morir, Raquel
estaba preparando la “Yaquienciclopedia”.

Todas somos Raquel. Todas nos sentimos violentadas por su
muerte y todas, sobre todo las empoderadas, podemos morir degolladas por
nuestra pareja.

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