El Mañana

domingo, 25 de agosto de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Todo exactamente igual

3 julio, 2019

Aunque está algo llena de polvo, me recuesto en esa vieja camita, cierro los ojos y comienzo a imaginar cuando de niña ahí me dormía, te espero, pero sólo llega el silencio, busco aquella compañía que no encuentro, esa desgastada muñeca de trapo para mí especial; abro nuevamente mis ojos y a mi alrededor veo todo exactamente igual.

Ese grito retumbaba en todo mi cuerpo, era una tajante orden, ¡ya apaga la tele!, ¡arregla tu cuarto y tu cama, y acuéstate a dormir! Después, venía la calma, escuchaba sus pasos, en silencio daba un rezo, con sus dulces manos me arrejuntaba el cabello, me acomodaba la almohada, y me daba un tierno beso.

Tenía cerrados los ojos, para sentirla mejor abierta el alma, cada noche, no existía otra imagen en la mente que el reflejo de su cara, el sonido de su voz, la suavidad de sus tiernas manos que provocaban con ella soñara.

No sé cómo ni cuándo sucedió, pero de pronto te escapaste de mi cuento, crecí, me fui, del mundo aprendí y hoy nuevamente volví, por fin regresé a reencontrarme con esa niña que por muchos años se acurrucó en ti.

Aún poseo esa vieja carta, en mi vida la he leído más de mil veces, y siempre me sucede lo mismo, me palpita el corazón al comenzarla a leer, y al terminarla me estremezco nuevamente al saber que jamás te volveré a ver.

Esas letras de esa carta y por ser tan vieja de ahí ya comienzan a desprenderse, pero créeme, las he pegado una y otra y otra vez con cada una de mis lágrimas, no logro dejarla ni un momento, pues leyéndote mi ser reanimas, pero ese recuerdo triste en mí logra imponerse.

Aún está ahí esa vieja foto en donde aparezco con esas dos largas trenzas que solías hacerme, sé que a ti te gustaba, pero tenía ese deseo de ya ser, verme como grande, y reconozco que en momentos las detestaba.

Hoy cuánto no daría porque acariciaras nuevamente mi pelo, sentir ese suave cepillo desplazarse junto con tus manos en verdad que lo anhelo, y al terminar tu arte, mirarnos sonrientes juntas en el espejo.

Jamás he podido olvidar aquella tarde de parque en que de regreso todo el camino lloré, al extraviar esa querida muñeca que tanto adoré, ese sentimiento no lo volví a experimentar hasta ya de grande, sí, con tu triste partida el dolor cada día en mí más se expande.

Siempre sucede, que cuando se tiene aún presente a ese ser querido, en ocasiones se ignora, por momentos se olvida, no se visita ni mucho menos se le brindan palabras bonitas, y cuando ya no está, surgen y de inmediato esos sentimientos guardados, dirigidos y en pasado hacia esa ya ausente persona.

Ojalá que estos pasajes familiares, tal vez repetitivos, algo sencillos, a muchos permita el regresar a esa antigua casa y encender la luz del alma, mirar esos bellos recuerdos ahí dejados, escuchar el sonido del tiempo; pero si esto ya es imposible, desea y fuertemente que tu corazón esté abierto, así, a él regresen esos sentimientos y recuerdos que creías haberlos olvidado, totalmente cerrado.