El Mañana de Nuevo Laredo

Guadalupe Loaeza

Artículo

Guadalupe Loaeza

9 octubre, 2020

Toño y su paliacate



Querido Toño:

¿Cómo que te fuiste así de repente? Es cierto que partiste en La Paz, estando en un momento de tranquilidad y de paz, no obstante, me hubiera gustado despedirme de mi amigo que, siempre que iba a su casa en Coyoacán, me ofrecía una copita de su mezcal de Guerrero. Créeme, Toño, que era el mejor mezcal que he tomado en mi vida: medio dulcecito, pero a la vez ligeramente amargo. ¿Te acuerdas que me llegaba a tomar hasta tres copitas? Lo que sucedía es que eras tan buen anfitrión y atento que cuando te fijabas que casi ya me lo había terminado, me servías otra copita. Claro, estabas muy orgulloso de tu mezcal, creado por ti y cuya botella era bellísima, toda pintada a mano, con florecitas de todos colores. Además, lo tomábamos en tu sala “colonial rústico”, estilo que tú inventaste allá por los años cincuenta. ¡Cuántos muebles no habrás vendido en tu tienda de la zona llamada “Artesanos de México” en donde había todo lo mexicano para decorar y amueblar! De hecho, fuiste de los primeros comerciantes que se instalaron en las calles de Londres, justo frente al hotel Geneve. Tu tienda se convirtió en un lugar de encuentro de pintores, arquitectos, escritores, periodistas y hasta de políticos de la época. Lo que pasa es que eras súper amiguero; a todo el mundo le caías bien, todo el mundo quería platicar contigo y todo el mundo se ufanaba de tu amistad. Volviendo a tus muebles, fabricados con finísimas maderas mexicanas, estaban tan bien hechos y eran tan semejantes a los muebles coloniales originales que muy pronto se pusieron de moda en los hoteles más turísticos, como los cinco estrellas de Acapulco o los de Veracruz, Morelia, etcétera. Igualmente comenzaron a verse en las salas y en las terrazas de las casas de Acapulco, de Valle de Bravo o de San Miguel de Allende. Me gustaba que me platicaras cuando López Mateos te encomendó desarrollar la mano de obra de los internos de las Islas Marías para la fabricación de muebles de tu estilo tan característico. Allí surgió una nueva línea de muebles con incrustaciones de concha nácar, lo que le daba un aire como de marquetería. Para ti fue una época muy especial porque llegaste a entender la parte humana de quien comete un error y tiene pagar con su libertad. Seguramente en esa época conociste a las familias de los presos, con quienes necesariamente tenías que convivir y de quienes seguramente aprendiste muchas cosas. Si bien entiendo, fue una etapa de tu vida muy importante.

Cuando te conocí a principios del año 2000, lo primero que me llamó la atención, aparte de tu pelo ondulado y tan blanco, fue tu paliacate perfectamente bien anudado a tu cuello. Creo que tenías decenas porque cada vez que nos encontrábamos, llevabas uno de diferente color. Nunca te vi con el mismo. ¿Sabes también quiénes siempre llevaban su paliacate con un saco tweed y un pantalón de jeans? Luis Barragán y Chucho Reyes. Para mí, es el accesorio para hombre o mujer más elegante y mexicano que pueda existir. Ahora con la pandemia y con la sana distancia que debemos guardar, cómo me hubiera gustado decirte adiós ondeando mi paliacate, estoy segura de que tú me hubieras contestado con el tuyo.

Ya te podrás imaginar en qué estado de tristeza y de desconsuelo están tus tres hijos y tu mujer, quien fuera tu compañera en la vida por tantos años y a quien conociste muy joven, bellísima e igualita a Claudia Cardinale. Me permito transcribirte dos mensajes que envió tu hija Alejandra en su cuenta de Twitter como prueba de su gran amor hacia ti: “Toño, Don Antonio el ‘embajador de la amistad’, se fue en un martes de mezcal. Honrando la vida hasta el último minuto de sus 94 años. Nos heredó a sus hijos Lucía, Antonio y Alejandra el amor por México y el rigor de la congruencia y la búsqueda del bien y la felicidad”. El segundo es igual de bonito: “Alejandra, su gran compañera de vida, le dio toneladas de amor que lo mantuvieron ‘en plena forma’ (sus últimas palabras). […] El paliacate, tu sello, nos arropa el llanto. Gracias por tanto Antonio Ariel Frausto Martínez”.

Te fuiste lleno de satisfacciones, a los 94 años. Te fuiste rodeado de mucho amor y ternura. Y te fuiste dejándonos un gran ejemplo de humanismo y de sabiduría. ¡Gracias por todo, Toño!

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