El Mañana

domingo, 15 de diciembre de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Un cafecito de cordialidad

24 julio, 2019

Estuvieran haciendo lo que estuvieran haciendo todos corrían hacia el patio trasero, desde el más grande hasta el más pequeño, se tendría que buscar algo en que entretenerse mientras hacía presencia esa inesperada visita, pero la curiosidad ganaba y juntos se arremolinaban por esa estrecha ventana, tan sólo para ver de la familia ofrecer a esos que llegaban, un cafecito de cordialidad.

La casita ya estaba más que preparada, las niñas más grandecitas ya habían dado una buena trapeada, no olía a lavanda, ni mucho menos a pinol, pues para eso no había, pero al menos se sentía limpia y fresca, de adorno, del monte un girasol.

Esos dos cuartitos que formaban parte de aquella inmensa vecindad, una rabona cortina, tan sólo los separaba de la recámara a la cocina, el patio era ese anexo para dar a los ojos libertad, que la visita sintiera ese ambiente de total amabilidad.

La vasija de peltre dio cuenta de que el agua ya estaba más que caliente para el café preparar, así daba inicio ese rico intercambio de sabores después de charlar y charlar, y aun viendo por aquella ventana, daban cuenta y con tristeza los niños y las niñas que ya faltaban el polvorón y la campechana, en silencio pedía el más chiquillo, le dejaran, aunque fuera el bolillo.

La madre de familia rompía ese trance, así para checar la olla de frijoles se daba ese chance, a traerme esos platos indicaba quién se anima, por igual a calentar en la chimenea, las tortillas de maíz y de harina.

Decía el atrevido padre de familia, aquí los frijolitos se sirven con rico jocoque, ándele acompáñelos con un chilito verde que el hambre provoque, o acaso no les gustan, no hagan que me equivoque.

Ya no había en el patio a qué jugar, de las escondidillas se pasaba a la cuerda brincar, el bebeleche, a las canicas del trompo y balero ni hablar, entretenimientos que permitían y despistadamente por la ventana asomar, así confirmar si la visita ya logró levantar.

Después de un buen rato el retorno de esos niños y niñas era más que merecido, no molestaron, no interrumpieron, por lo mismo el papá y la mamá con ellos estaban más que agradecidos, todos se saciaban, todos comían, era complicado, pero así se estilaba, en aquellas épocas así se vivía.

En verdad que es emocionante el recordar esos momentos familiares que se vivían entre las familias de esta ciudad, aun fuera la visita de un pariente que residía al otro extremo de la ciudad, o ese mismo vecino, la atención era la misma, el trato era igual.

Siempre existía esa amabilidad, por lo mismo en la galería del hogar esa mecedora adicional, en la cocina un rico tecito, un agua de limón, un dulce pan para ser el día más ameno y cordial.