El Mañana

lunes, 21 de octubre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Un club de amiradoras de…

22 septiembre, 2019

Don Cornulio habló con su mujer: “Me dicen que me estás engañando con un radioaficionado”. Contestó la señora: “Negativo. Cambio y fuera”… Un vagabundo halló en la calle una cartera llena de billetes. Se compró ropa y calzado finos; comió a sus anchas en elegante restorán y salió fumando un puro. En una esquina vio a una chica del talón cuyos notorios atributos delanteros y traseros fueron causa de que el hombre sintiera en la entrepierna una inusitada conmoción. Preguntó el vagabundo dirigiéndose a la susodicha parte: “¿Y ‘ora tú? ¿Cómo sabes que traigo dinero?”… La joven esposa le comentó a su marido: “La vecina del 14 ha de usar calzones espiritistas”. “¿Calzones espiritistas? -se desconcertó el muchacho-. No entiendo”. Explicó la esposa: “Es que cree que tiene unas pompas del otro mundo”… Sor Bette, superiora del convento de la Reverberación, iba manejando por la carretera a 20 kilómetros por hora. La detuvo un patrullero que le dijo: “Maneja usted muy despacio. Eso es peligroso”. Objetó la reverenda: “Voy a la velocidad que indica la señal que acabo de pasar”. Replicó el oficial: “Esa señal no indica la velocidad: es el número de la carretera”. “¡Santo Cielo! -profirió sor Bette, demudada-. ¡Acabo de manejar tres horas por la 210!”… El joven Onanito era motivo de preocupación para sus padres, pues a más de no tener novia pasaba mucho tiempo secluso en su habitación, y luego salía de ella en un estado de visible languidez. Se alegraron bastante, por lo tanto, cuando el muchacho les anunció que iba a casarse. Y en efecto, contrajo matrimonio. La noche de las nupcias su flamante mujercita entró en el baño a fin de acicalarse para la ocasión. Onanito se recostó en la cama cubierto sólo por una bata de cretona azul adornada con corazoncitos rojos, regalo de su madre como símbolo -dijo la señora- de ilusión y amor. Pasaron 15 minutos, y la muchacha no salía. Media hora transcurrió sin que apareciera. A través de la puerta le dijo entonces Onanito: “Dulciflor: si no sales pronto comenzaré sin ti”… El padre Arsilio se topó con Astatrasio, el borrachín del pueblo, que en ese momento iba saliendo de la pulquería “Las glorias de Lindbergh”. Le dijo con lamentoso acento: “¡Cómo me duele, hijo, verte salir de ese lugar!”. “No hay problema, padrecito -farfulló el temulento-. ¡Me vuelvo a meter!”… La noche de las bodas el recién casado supo sin lugar a dudas que su noviecita no tenía nada en qué sentarse. Quiero decir que por la parte posterior era tábula rasa, más lisa y plana que la superficie de una mesa de billar. Le indicó terminante: “Cuando regresemos de la luna de miel irás todos los días a la tortillería”. “¿A la tortillería? -se sorprendió ella-. ¿Para qué?”. Le explicó el desposado: “Para que hagas cola”… El jefe de personal le informó al solicitante: “El sueldo es según aptitudes”. “Ah no -rechazó el tipo-. Con eso no me alcanza para vivir”… En el consultorio del doctor Ken Hosanna la curvilínea chica terminó de vestirse. Le dijo al facultativo: “Lo encuentro bien, doctor. ¿Cuándo quiere la próxima visita?”… La señorita Peripalda, catequista, estaba desolada. Relató: “Puse un aviso en la puerta del templo parroquial solicitando socias para la Congregación de Vicentinas. El mismo día se inscribieron mil. Pero es que pensaron que se trataba de un club de admiradoras de Vicente Fernández”… En el baño de vapor los señores hablaban de sus preferencias en cuestión de lencería femenina. Dijo uno: “A mí esa ropa íntima me gusta blanca”. Declaró otro: “Yo la prefiero en negro”. Manifestó un tercero: “A mí me encanta de color rojo con aplicaciones de encaje en tono gris”. “¡Ah! -exclamó el cuarto-. ¡Entonces tú debes ser el marido de Chupita!”… FIN.