El Mañana

lunes, 16 de diciembre de 2019

Miguel Rodríguez Sosa
Pasadizo Secreto Miguel Rodríguez Sosa

Un minuto antes del tiempo

29 mayo, 2019

Se aprestó a entrecruzar de sus manos los dedos, su vista fijo en el cielo, ante él, la gente corre y va, se atraviesa de un lado hacia otro, le duele y mucho el ya no pertenecer a ese ritmo, de lo que ocurre, de lo que da, su ropa ya huele a olvido, su cuerpo refleja eternidad, pero aún acostumbra a espiar a este mundo, pues suficientes aún no han sido sus décadas vividas para ese algo encontrar; de niño quería ahí estar para disfrutar todo al momento, de adulto hoy quiere ahí estar y para reflexionar, un minuto antes del tiempo.

En su niñez esa odiosa cama fue su peor enemigo, le interrumpió de jugar, le suspendió sus travesuras, lo alejó de esos gustos y antojos, no lo dejó más navegar; sí, lo indujo a los sueños, a pensar y pensar en lo que haría mañana, pero eran intangibles, se desvanecían, pues ahí el descanso, es el único que gana.

Es otro día, no se ha crecido, sigue siendo para los adultos ese “enano”, esa duración de tiempo que ni en el cuerpo ni en su mente aún no le hace nada; los juguetes ahí están, las bicicletas también, la comida preparada, la ropa lavada, la escuela para aprender, el paseo por ese parque que ilumina la vida, todo indica que así tiene que ser de lenta esa tempranera etapa más que conocida.

Pero el ciclo de la niñez, es algo que no se puede detener, entonces se avanza, se penetra esa idea de todo poder, se rompen esos blindajes, por lo mismo ahora molestan los juegos infantiles, los cereales, y ¡hasta las sábanas de personajes!, se tiene una gran prisa por descubrir lo demás, lo que sigue, se lee y comenta de otros ahora sí interesantes temas.

La vida cambia de etiqueta, y cual si fuera un remolino que arrastra todo a su lado, continúa y se desgasta, se sufre, ahora se llora, se lamenta y por primera vez desde aquellos días de juego, se cansa; el ajetreo es el reloj del tiempo, los vecinos ya no asoman, saludan a distancia.

El frío recorre la espalda, y como la vida, el trabajo, en sí la actividad misma de este mundo agota, el camino por transcurrir por lo mismo se acorta, y el temblor de las manos invade como ese aviso prematuro a la vejez, perdiendo y poco a poco esa amigable y compañera lucidez.

Por eso, el tiempo fugaz parece, mas no se entiende el porqué arrastra hacia esa insípida vida, sin olor, sin visión, entender, el porqué ese vértigo te suelta y repentinamente sin dar ya a tus sueños cabida, la gente corre y va, se atraviesa de un lado hacia otro, sí que duele y mucho el ya no pertenecer a ese ritmo más.

Debe entenderse que la vida misma es un episodio que tan sólo se disfruta una sola vez, pero eso sí en distintas etapas, por lo mismo, no se debe apresurar el dejar de ser ese niño o niña, y traspasar a esa deseada juventud en donde todo parece más fácil, ser ese adulto lleno de compromisos y trabajo, que por culpa de ese mismo ritmo el más mínimo ruido aturde, cansa y termina cabizbajo.

Entonces bueno es, no tener más esa urgencia por ya acabar la semana, el mes el año, no desear el ya terminar la escuela, ese trabajo, no pensar en llegar a casa a descansar sin ningún contratiempo, sin antes reflexionar, si valió la pena el despertar un minuto después del tiempo.