El Mañana

domingo, 08 de diciembre de 2019

Catón
De política y cosas peores Catón

Un pompino

10 septiembre, 2019

El camello se acercó a su hembra con evidentes intenciones lúbricas. Le dijo ella: “No estés jorobando”… Tuve la inmensa desgracia de ganar un concurso de oratoria en el bachillerato. Me quedó desde entonces una tara: la grandilocuencia. Igual que la cabra tira al monte yo derivo sin darme cuenta hacia la rimbombancia. Soy de aquéllos que dicen: “Es una mera ave canora con la región glútea hipertrofiada”, pudiendo decir sencillamente: “Es puro pájaro nalgón”… Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, voluntaria de varias asociaciones filantrópicas -eso le permitía aparecer con frecuencia en las páginas sociales del periódico de su localidad-, se presentó en la tétrica oficina de don Usurino Cenaoscuras, el hombre más avaro de la comarca, a fin de pedirle su contribución para una colecta que cierta asociación piadosa estaba haciendo en favor de la niñez de los países subdesarrollados. Después de expresarle a don Usurino sus buenos deseos por el éxito de sus actividades, palabras que el cutre oyó con gesto agrio, la encopetada señora le dijo: “¿Sabía usted, caballero, que con el equivalente de 10 dólares se puede alimentar durante un mes a un niño pobre en algunos países de Asia y África?”. No respondió nada don Usurino, y menos aún echó mano a la cartera. Despidió con ademán grosero a doña Panoplia. Ese mismo día, sin embargo, se puso a investigar cuáles eran esos países, a fin de enviar a alguno de ellos a sus numerosos hijos… Aquellos recién casados pasaron su luna de miel en un hotel de Las Vegas. La noche de las bodas fue de pasión compartida. Bastante compartida. He aquí que cuando fueron a pagar la cuenta el gerente del hotel les informó que no sólo no debían nada, sino que además les iba a dar un cheque de 5 mil dólares. “¿Por qué?”, exclamaron ellos boquiabiertos. “No se asombren”, contestó el individuo. “A otra pareja le acabamos de dar 10 mil. Lo que sucede es que la noche de bodas de ustedes solamente la transmitimos por televisión, y en cambio la de ellos la subimos a las redes sociales”… Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, acudió a la consulta de un médico especializado en traumatología y le contó su caso. “Doctor: todas las noches sueño a tres bellas mujeres. Una es rubia, otra morena y la tercera pelirroja. Las tres son dueñas de ópimas exuberancias anatómicas tanto en la parte anterior como en la posterior. Vienen a mí, desnudas; bailan con sinuosos movimientos de odalisca o hurí, y luego se me ofrecen, voluptuosas y lascivas, para hacer un pompino entre los cuatro”. “Disculpe usted -lo interrumpió el facultativo-. ¿Qué es eso de ‘pompino’?”. Respondió Afrodisio: “Se llama ‘pompino’ al acto sexual en el que participan varias mujeres y un hombre. El término, perteneciente a la jerga del bajo mundo de la Ciudad de México, lo registró a mediados del pasado siglo el coahuilense Armando Jiménez en su ‘Tumbaburros de la picardía mexicana’, travieso libro que sacó a la luz la insigne y benemérita Editorial Diana”. “Estimo en mucho su información -agradeció el galeno-. Para corresponder a ella le haré un descuento del 2 por ciento en mis honorarios. Pero continúe su relato, por favor”. Siguió Pitongo: “Lejos de aceptar la invitación de las tres hermosas féminas yo las rechazo. Las detengo y empujo con los brazos. Ellas se van, burladas y burlonas. Entonces yo despierto, irritado y mohíno por no haber gozado, siquiera en sueños, esos cuerpos de lujuria y tentación”. “Perdone que lo interrumpa otra vez -indicó el médico-. Creo que lo que usted necesita es un psiquiatra. Yo soy traumatólogo”. “Precisamente, doctor -replicó Afrodisio, ansioso-. Quiero que me enyese y entablille los brazos para que no pueda yo rechazar a esas mujeres”… FIN.